9 de August de 2010 00:00

Don Isaac J. Barrera

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Jorge Salvador Lara

La Universidad Alfredo Pérez Guerrero, el viernes de la semana pasada, presentó el volumen XI de su Colección Educación y Libertad, en la que ya han aparecido recopilaciones de ensayos escritos por Juan Montalvo, Remigio Crespo Toral, Benjamín Carrión y otros pensadores ecuatorianos. Este volumen, de 254 páginas, ha sido dedicado a don Isaac J. Barrera, otro de los grandes en las letras del Ecuador, quien murió el 27 de junio de 1970 a los 86 años de edad. Para rendirle merecido homenaje de recordación al cumplirse cuatro décadas de su fallecimiento, el rector de la UNAP, Jorge Enríquez Páez, y su director editorial, Patricio Herrera Crespo, han seleccionado, entre la amplia bibliografía de Barrera, uno de los títulos que él más quería, ‘Quito colonial’, inicialmente publicado en Puebla, México, por la Editorial Cajica, la misma que tuvo a su cargo los 29 grandes tomos de la Biblioteca Ecuatoriana Mínima durante la administración del presidente Ponce Enríquez.

‘Quito colonial’ es libro digno de leerse, escorzo de historia de la cultura con temas referentes a los siglos XVII, XVIII y XIX. Auténtica cantera de datos que el mismo don Isaac amplió después en los cuatro volúmenes de su ‘Historia de la literatura ecuatoriana’. Los diversos capítulos, castizamente redactados y admirables por su erudición, explican de modo fehaciente que su autor haya sido tempranamente designado miembro de número, tanto de la Academia Nacional de Historia, cuando aún vivía Mons. González Suárez, su fundador, como de la Academia Ecuatoriana de la Lengua. Al Quito del siglo XVIII se dedican, sin duda, la mayor parte de los ensayos que describen la vida cuotidiana en sus diversos aspectos religiosos, pintorescos, anecdóticos, literarios y políticos. Barrera, en este libro, recrea el Quito total de aquel tiempo, el primer investigador que describe lo que hoy llamamos ‘patrimonio tangible’, descubierto por todas las miradas y también algunos aspectos del ‘patrimonio intangible’, más difícil de ver. Con un rápido recorrido del Índice hallaremos temas como edificios, pobreza y miseria, criollos y chapetones, curas y monjas, usos y costumbres, vestidos, fiestas, teatro, toros, fandangos, aventuras, escándalos y tantas cosas de la vida de la entonces pequeña ciudad de 25 000 habitantes.

Desfilan los primeros planos de la ciudad, la Academia Pichinchense, primer cenáculo intelectual, Juan de Velasco y su ‘Historia del Reino de Quito’, Juan Bautista Aguirre con sus clases de filosofía, oratoria y versos; Alsedo, académicos como La Condamine y Bouguer, de Francia, y Ulloa, de España; viajeros célebres como Humboldt y Caldas, pero sobre todo, Espejo, Carondelet, Selva Alegre y José Mejía. Se oyen a lo lejos los clarines de la independencia de Estados Unidos y noticias de la Francia Revolucionaria, la Marsellesa, la guillotina, la decapitación de sus reyes.

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