Abelardo Pachano

Condenado

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Las reformas legales promovidas por el gobierno dan los resultados que buscaba. Ahí está el castillo normativo establecido para tener las manos libres y poder disponer, decidir, adquirir u obligarse como quiera, cuando quiera y, al costo que quiera. Nadie tiene facultad para oponerse. A nadie consulta. Decide solo. Desaparecieron todos los controles y balances de un poder democrático, representativo y transparente.

Un ejemplo es el Código Monetario. Abrió las puertas del Banco Central al financiamiento público (déficit fiscal), sin importarle las consecuencias. Ahora, es una realidad. Por ello, el riesgo sistémico en el campo financiero reposa en la debilidad de esa institución. Está claro que si algo extraño sucede en el mercado monetario, el ex emisor no tiene como atender sus responsabilidades.

En su balance, el gobierno y los bancos públicos le deben ya la bicoca de USD 5 000 millones, que difícilmente le podrán pagar, por lo menos en un plazo razonable o que se pueda ver en el horizonte. Esa suma es mayor a las Reservas Internacionales, de cuyo seno salieron para satisfacer la hambruna fiscal. Y, la carga todavía no tiene visos de parar. Ya se preparan los sistemas de cómputo para usar el dinero electrónico como medio de pago del bono de desarrollo humano. Luego, vendrán otras decisiones. ¡Pobre BCE!

Pero, también se buscan otras formas de extraer dinero. Como se suponía, el gobierno se tomó USD 120 millones de los fondos de solidaridad para atender las premuras del presupuesto. Ahí está de cuerpo entero la razón para haberse opuesto a la creación de un fideicomiso o una cuenta especial, blindada de las acciones cotidianas del gobierno. Y, como con antelación se eliminó la malversación como un delito en el manejo de los recursos públicos, este desvío de fondos está consagrado.

Y los hechos siguen su curso. En esta semana se volvieron a colocar bonos, en términos inimaginables por su onerosidad, en el mercado internacional. Son 1 000 millones más que debe el Ecuador, a 5 años plazo y un interés del 10.75%.

Con esos intereses, en cinco años, el costo superará el 50%. ¿Se puede pagar aquello? ¿Crecerá tanto el PIB, para poder hacerlo? ¿Qué dirán los que auspiciaron la ilegitimidad e ilegalidad de la deuda externa, por transacciones que nunca tuvieron estos márgenes de sobre costo frente a otras operaciones internacionales?
Los bonos de EE.UU., a 10 años pagan el 1,5%. Los peruanos el 4%. Los brasileños, con toda su crisis el 4.7%. Y Argentina, que regresó al mercado a los 15 años, los consiguió al 7%. Que decir de Alemania, cuya tasa es negativa y cobra a sus tenedores.

Sin afán de enmienda, la economía ecuatoriana está condenada. Los paradigmas de la dolarización han sido burlados.