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28 de junio de 2014 18:17

En la historia económica reciente hay, al menos, dos casos de países que estando dolarizados, abandonaron esa divisa a favor de una moneda propia.

El primer caso es Liberia, un país de la costa atlántica del África que luego de varios años de una sangrienta guerra civil abandonó el dólar norteamericano y creó su moneda propia. Por obvias razones, no parecería que la historia de Liberia sea un ejemplo a seguir para nadie.

Pero existe otro país que abandonó el dólar e introdujo una moneda propia, en orden y sin ningún problema significativo. Ese país fue la República Dominicana (RD) en 1947.

La RD es un país muy especial. Ocupa la mitad de la isla Española en el Caribe y si bien se independizó en 1821, muy poco tiempo después cayó bajo la dominación haitiana, de la que se liberó recién en 1844. A esa independencia le siguieron varios años de caudillos, unos peores que otros, pero donde se destaca el mal manejo económico de Ulises Heureaux. El caos monetario al final de su gobierno fue tan grande que en 1899 se decidió dolarizar la economía.

Así, la RD se dolarizó, más o menos, en los mismos años en que se fundó Panamá, país que ha estado dolarizado desde esa época.
Luego, en 1930 llegó al poder el sanguinario dictador Rafael Trujillo, quien controlaría el país por más de 30 años. A pesar de sus infinitos defectos, Trujillo parecería que tuvo un par de aciertos en el manejo económico, sobre todo en el mejoramiento de las finanzas públicas. Para eso fue clave, en 1940, la recuperación del control de las aduanas, que por más absurdo que parezca, estaban controladas por los Estados Unidos desde 1907.

Con la II Guerra Mundial, la economía dominicana floreció, sobre todo por los buenos precios de los principales productos de exportación (azúcar, café y cacao) y eso le dio al gobierno una cierta holgura fiscal y una significativa reserva internacional.
Los abundantes ingresos fiscales le habían permitido al gobierno acumular importantes ahorros, gracias a los cuales, a mediados de 1947 y de un sólo plumazo, canceló la totalidad de la deuda externa, que ascendía a algo más de nueve millones de dólares.
Hasta 1947 en la RD estaba constitucionalmente prohibido emitir billetes, aunque sí estaba permitida la acuñación de monedas propias. En enero de ese año se reformó la constitución para autorizar al gobierno la emisión de billetes propios.

Evidentemente, la política económica gozaba de tanta credibilidad que esa reforma no generó ningún tipo de alarma.

Luego, durante 1948, el público fue cambiando voluntariamente sus dólares por pesos dominicanos y el país se desdolarizó. Parecería que la evidente solvencia del gobierno creó un ambiente de tanta confianza que el proceso se desarrolló con absoluta tranquilidad. Además, con esa tremenda dictadura, nadie se hubiera atrevido a oponerse.