Benjamín Fernández

Doble rasero

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1 de May de 2013 00:02

Paraguay tuvo elecciones el 21 de abril con una contundente victoria del partido opositor: el Colorado, que retorna al poder luego de 5 años de llanura. Cientos de observadores avalaron una justa comicial con participación cercana al 70% de los electores. El nuevo mandatario, Horacio Cartes, ha sido cauto y optimista con respecto al retorno al Mercosur y a la Unasur luego de la suspensión que le aplicaran ambos espacios regionales tras el juicio político a Lugo. El hecho ha tenido más un impacto político que económico. Durante el tiempo de suspensión el comercio entre estos países y el Paraguay se incrementó en 30%. Esto pone en duda el valor real de estas "suspensiones" y el verdadero criterio "democrático" que dicen alentarlas.

Mientras en Venezuela todavía se cuentan los votos y se amenaza con cárceles a los opositores, en Paraguay todos han aceptado el resultado . Nadie ha dicho una sola palabra sobre lo que acontece en el país caribeño como sí lo hicieron contra el Paraguay en un asunto interno ajustado a la Constitución. El mismo presidente defenestrado Fernando Lugo plebiscitó su nombre para senador logrando ingresar al futuro congreso con un 3.32% de los votos, muy lejos del más del 80% de los votantes de los partidos colorados y liberal respectivamente. Ni este reconocimiento claro de democracia en Paraguay ha sido suficiente para que algún miembro de la Unasur o el Mercosur asumieran el error de haber suspendido a un país y en contraposición aplicado un rasero distinto con Venezuela. Esto prueba la interpretación más aviesa y distorsionada de la política en América Latina que se comprobó cuando el suelto de lengua presidente uruguayo admitió que la sanción contra el Paraguay "no era jurídica, sino política". Algo muy extraño proviniendo de un político que debiera conocer que democracia definida como "estado de derecho" solo existe en cuanto sus decisiones sean ajustadas a la ley.

En las clases de ciencias políticas de alguna universidad se estudiará el caso como parte del proceso de aprendizaje y crecimiento de nuestros países y de nuestros bloques de integración, pero debemos coincidir en que el caso Paraguay es digno de un análisis donde la conclusión no puede ser otra que los países interpretan las realidades no en función de hechos objetivos sino en directa relación al impacto que tengan en función de sus intereses. Sin importar si son o no cuestiones ajustadas a las normas, total lo político cubrirá con un barniz de dudosa legalidad y legitimidad algo que claramente no tiene ambos componentes.

El retorno del Paraguay a ambos bloques solo podrá ser entendible en relación a un sincera disculpa de los socios que implique haber tomado decisiones ajustadas a intereses sectarios lejos del espíritu de fraternidad, sinceridad y sobre todo de legalidad que implica la relación entre países que deben aplicar siempre iguales raseros.