Miguel Rivadeneira

Doble discurso, doble moral

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20 de May de 2013 00:01

En política no hay sorpresas. Hay doble discurso y doble moral, salvo honrosas excepciones. Por eso muchos ciudadanos respetables, lo cual es malo porque podrían servir al país, se niegan a participar en política activa y miran los toros de lejos, aunque critiquen en voz baja e impotentes la realidad de demagogia y corrupción.

En política hay un discurso para un auditorio que quiere enviar el poder y otro para las masas, a las que hay que tenerlas obnubiladas, contentas, controladas y alienadas con propaganda oficial, con pan y circo y hasta con fe ciega, que se ve en las religiones pero hoy se habla de "santos políticos", con velas en fotografías y afiches. Sin embargo de este discurso y la obra y la ayuda social, que no se puede negar, solo contribuyen a paliar los problemas, sin resolver sus estructuras. Los temas de fondo siguen latentes, especialmente de trabajo, producción y seguridad, que permiten avanzar en desarrollo.

Los casos de Venezuela y Argentina son ejemplos de ello. En el primero, pese a los enormes recursos económicos y el ingreso de miles y miles de millones de dólares por la venta del petróleo persiste la pobreza, tiene la inflación más alta de la región y hay una continua escasez de alimentos aunque tengan una foto del "nuevo santo".

En el segundo caso, se agrava por la situación económica y el alto costo de vida, en medio del escándalo y las indagaciones judiciales por denuncias de corrupción de altos funcionarios y ex funcionarios. Es una afrenta conocer los datos confirmados de cómo se han enriquecido, que saltaron de la pobreza a la riqueza tras trabajar para la familia presidencial o el Estado y haberse servido del país. Se han exhibido pruebas de lujosas propiedades, vehículos caros, el plano y videos de una bóveda para guardar valores en una casa de los mandatarios.

Los hechos han sido revelados por ex colaboradores de confianza. Por tanto no es invento de la prensa pero cuando los medios informan generan ira y odio en el poder, que trata de contrarrestar, acusar al mensajero y convencer a la gente que es mentira, con una enorme propaganda oficial, en lugar de esclarecer y exigir que actúen los organismos de control y la justicia.

Lo que no terminan de entender los administradores de turno es que no hay crimen perfecto. El poder no es eterno, algún día se termina y más temprano que tarde se hacen públicas las irregularidades, abusos y atropellos del poder. La diferencia es que existen países en donde brilla la impunidad, se protege a los responsables y se castiga o intenta sancionar a los denunciantes, en medio de la actuación cómplice de entes de control e investigación y judiciales. En otros, como Perú, hay un mandatario preso y decenas de ex altos funcionarios y hasta generales de FF.AA. sentenciados y en la cárcel .