Enrique Echeverría

División ovejuna

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Cuán diferente sería la investigación de las operaciones de Odebrecht en Ecuador, si la Asamblea hubiera contado con mayoría de miembros que se catalogan como de oposición.

La dispersión de opositores jugó a favor de Alianza País, pese a advertencias de lo que acontecería si no se unifican.

El General Paco Moncayo, por ejemplo, en enero del 2016 advirtió: “Si se habla de unidad y después cada cual va con sus listas vamos a tener una Asamblea idéntica a ésta”. (La vigente). Un analista y matemático, el Ing. Enrique Mafla, advirtió: “La oposición, mientras más dividida esté, más lejos estará del poder. Dispersos no sacarán nada”.

Entonces, se fue creando una tendencia vertical de pensamiento y el mando. La democracia de las diversas Funciones, adquirió un contenido personal. En vano se dice que la Asamblea es el “primer Poder del Estado”, pero en la realidad lo ha sido el Presidente de la República, cuyas disposiciones y órdenes se cumplían estrictamente gracias a su mayoría en los otros Poderes. En segundo lugar, se ubicó la Función Ejecutiva de la cual fue jefe indiscutible el mismo Presidente. La Asamblea resultó el tercer Poder, pues las leyes que dictó estaban en la línea del Presidente.

Ahora hay cambio de actitud: el Presidente prefiere dialogar, de tal manera que sus decisiones y su Gabinete tengan una buena dosis de realidad. Pero el tercer Poder tiene la mayoría y el encargo de enjuiciar políticamente a quienes merezcan análisis de su conducta en el anterior, con el resultado notorio de destituir a un Contralor.

Se habla con insistencia de la virtud de la “transparencia” en la conducta oficial de exfuncionarios. El actual maestro del humorismo popular, señor Carlos Michelena, ha concluido que son tan transparentes, que ni la Justicia ni la Policía han visto cuando han salido del país, ni cuánto han perjudicado.

El valor preponderante del Presidente de la República, Jefe de Estado, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y líder político a quien debían obedecer, ha creado en la sociedad ecuatoriana la idea de que sobre cualquier problema hay que “hablar” con el Presidente, pero no con autoridades inferiores. Además, a pesar de que está claro que el fisco lo que más tiene es deudas y más deudas por pagar, los ciudadanos le piden obras inmediatas y el pago también inmediato de obligaciones internas pendientes. Muchos ciudadanos han caído en lo que el actual Presidente califica de “ovejunos”.

En el tercer Poder -la Asamblea- se dedican a hablar y hablar, a veces con la velocidad de una metralleta ZB, imponiendo las tesis de su mayoría y evitando un examen amplio de hechos poco transparentes del pasado cercano. En suma, con actitud “revolucionaria”, empieza y termina en el CAL.

Ahora: ¿a llorar y llorar?