Alfredo Negrete

¿Distritos o laberintos?

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17 de January de 2013 00:01

Es muy probable que los ciudadanos voten en el local donde lo han hecho desde hace mucho tiempo; incluso, luego de haber cambiado de domicilio, se hizo costumbre acudir al antiguo centro y mesa de recepción. El problema es que ahora, electoralmente se acabaron las parroquias y en las tres más grandes provincias -Guayas, Pichincha y Manabí- existen distritos con listas individualizadas y diferentes para cada uno de las circunscripciones. Es indudable que en el Ecuador por razones históricas, los ciudadanos se habituaron a votar por listas en su provincia y es una novedad que ahora tengan que sufragar solo para papeletas distritales. ¿Cuál fue la necesidad de este cambio tan radical en un país de limitada geografía y escasa población? Es verdad que en el Ecuador, desde aquellos tiempos en que se retornó a la democracia, han variado constantemente los métodos para repartir escaños en las elecciones pluripersonales, permitiendo concluir que la distribución no depende de la técnica ni de ningún valor democrático, sino del sistema o método más adecuado para el interés electoral del poder de turno. Sin embargo, en esta nueva oportunidad experimental de distritos y el método D’Hondt, se ha superado cualquier barrera ética desde el poder del Estado.

A pocos días de las elecciones la mayoría ciudadana desconoce en qué consisten estas diferentes listas por distrito y la peculiar situación de que no podrán sufragar con quien se identifiquen o prefieran en su provincia, sino por otras lista integradas por ciudadanos poco conocidos. Esto se produce en una época en que supuestamente se tenía previsto eliminar a la ‘partidocracia’ y privilegiar la participación ciudadana. Resulta que vivimos todo lo contrario, solo valdrá el voto por la lista A, B, C o D.

Añádase que en las provincias donde se aplicará este régimen, por razones de domicilio o de trabajo, los candidatos más conocidos están ubicados en los distritos más centrales. Esto genera una intensa competencia con pocas opciones para llegar a la Legislatura. Por ejemplo, en el caso del Distrito 1 de Pichincha, importantes líderes políticos y sociales compiten solo por 4 curules. Es una clara inducción para favorecer el voto por plancha, en el que se privilegia el número y no a los candidatos.

Las circunscripciones y, más aún, su mezcla con la distribución del método D’Hondt, se la realiza en países donde la tendencia está marcada por el bipartidismo o por muy pocos movimientos. Por el contrario, en la fragmentación del Ecuador, utilizarlo es perverso y un atentado a la ingenuidad ciudadana.

Las circunscripciones o distritos no constituyen novedad; lo que sí sorprende y alarma es la escasa difusión para conocimiento ciudadano. De este desfase no solo son responsables los organismos de regulación electoral sino los candidatos, sus partidos o movimientos. La historia revisará luego, si, en esta desinformación, hubo colusión o simplemente desidia.