Opinión
Rodrigo Fierro

El Distrito del Sur

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16 de May de 2013 00:02

El 13 de mayo de 1830 sí es una fecha para ser recordada. Fue cuando el Departamento del Ecuador (el Quito Propio de los historiadores), el Departamento de Guayaquil y el Departamento del Azuay decidieron, en acto unitario, separarse de Colombia. En Quito, en el salón máximo de la Universidad de Santo Tomás de Aquino, aquel día, los representantes de los pueblos de aquellos tres departamentos, el Distrito del Sur cuando la Gran Colombia, tomaron la decisión suprema: en ejercicio de su soberanía se constituían en un Estado libre e independiente. Fue el nacimiento de nuestro país, Ecuador, un himno y una bandera, todos nosotros.

Una historia de siglos, un empeño infatigable la unificación del Distrito del Sur, y desde los tiempos de Atahualpa. Quebrada la resistencia cañari por las tropas quiteñas. El inmenso espacio azuayo, parte importantísima de la heredad. La resistencia de quitus y puruhuayes a españoles, cusqueños y cañaris en alianza. Enfrentamiento de generaciones y generaciones el que mantuvimos con el Perú. Triunfos y derrotas. En el último acto, el pequeño país, el nuestro, el que en el campo de batalla en el que se miden los hombres no dio un paso atrás. ¡El Departamento del Azuay! Los españoles que llegaron para quedarse, numerosísimos sefarditas incluidos. De la Tomebamba Imperial, tan bien estudiada por Juan Cordero Iñiguez, a la Cuenca española y de ahí a la republicana, el talento de sus hombres al servicio de la Patria.

La costa ecuatoriana un vergel tropical que se inicia cuando hacia el sur el desierto se impone. Las joyas más preciosas Guayas y Los Ríos, tentaciones insuperables que explican la decisión de anexarlas a otros destinos, inclusive independizarlas. La unidad del Distrito del Sur, nuestro Ecuador, la pasión de los mejores presidentes que hemos tenido, casi todos costeños, los más guayaquileños, como también los que defendieron con más fuerza el Derecho Territorial ecuatoriano, el del Distrito del Sur.

Ni que decir tiene que no se comprende un país como el que llegamos a ser sin el sustento de un fuerte sentimiento de nacionalidad, de identidad. Es el legado de los pueblos que constituían el Quito Propio y cuyo espacio iba desde la tierra de los Pastos por el norte hasta Alausí por el sur. Ahí está el P. Juan de Velasco con su Historia del Reino de Quito. El Dr. Eugenio Espejo precursor de todas nuestras soñadas independencias; una luz en el camino de nuestro decurso histórico, como nación y como país, el conocimiento científico, la modernidad que se anunciaba es lo que significó el ilustre médico. Fueron patriotas quiteños los que se han hecho presentes cuando de convocarnos a las grandes empresas ha sido el caso. Cómo no recordar una fecha con la que se inicia nuestra decisión de ser un país unitario, independiente.