Juan Valdano

Disparidades y convergencias

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Con el título de “Elementos dispares” Francisco Proaño Arandi ha publicado su nuevo libro de relatos bajo el sello editorial de Vázquez & Velasquez (Quito, 2015). Libro homogéneo y unitario por el estilo y por la idea que informa a cada uno de los textos. Son once historias, todas ellas perturbadoras y extrañas, cuentos en los que se narran confidencias de una conciencia alucinada. Abismos interiores en los que el lector se sumerge y extravía en recintos donde sueño y realidad se implican y confunden. Experiencia posible gracias a que el autor pone en juego sus dotes de hábil narrador y gracias a un lenguaje evocador y sugestivo en el que inteligencia, imaginación y técnica hallan cabal equilibrio. El tono y el ritmo propios del cuento negro son evidentes y están bien logrados.

Los personajes de “Elementos dispares”, cuento que da nombre al libro, se encuentran atrapados entre dos ámbitos: la irrealidad del sueño y la realidad de lo cotidiano. Es como si se hallaran, a la vez, a un lado y al otro de un espejo. Y si la realidad al fin se impone, será el sueño, convertido en presagio, el que la dotará de angustiosa espera. El sueño nos hunde en la desazón, en el presentimiento de lo ominoso. ¿Dónde empieza la realidad real y dónde la reflejada? ¿Hay, tal vez, una secreta comunicación entre lo que se sueña y lo que nos ocurre en la vida diaria? Una imagen fugaz congelada en el tiempo y capturada al azar puede ser un punto al que obsesivamente retorna la memoria.

La atmósfera de misterio en la que nos introduce el relato va creándose no solo por los hechos extraños que se narran sino, además, por la circunstancia de que el personaje (convertido en investigador de los crímenes que anticipadamente sueña) confiesa que está a la caza de los indicios que le llevarían al descubrimiento de los ocultos homicidas.

La pesadilla se torna así en una suerte de lenguaje cifrado que vaticina la inminencia de un funesto acontecimiento, una profecía de lo aciago. ¿Realismo onírico o ensoñación realista? No lo sabemos. Y es el lector quien, ahora, se halla atrapado en un universo ambiguo, fuera del tiempo. Lo curioso es que los personajes de Proaño Arandi no creen en premoniciones ni en situaciones esotéricas (y así lo confiesan); sin embargo, están instalados en ellas. “La vida es como una pesadilla, solo tienes que despertarte”, decía Osho con palabras que no son sino eco del pesimismo romántico de Schopenhauer.

Fernández, este singular personaje imaginado por Francisco Proaño resulta ser un soñador temerario y un vidente funesto; sus sangrientas pesadillas poseen la espeluznante energía de convertirse en crímenes reales. Ello ocurre (según el narrador) cuando los elementos dispares de los que están hechos los sueños convergen en un instante de nuestra vida cotidiana. Entonces, el terror y la muerte se instalan en la desprevenida existencia de los seres humanos.