Miguel Rivadeneira

El disfrute del poder

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18 de February de 2013 00:01

Existe un magnífico libro titulado 'Las 48 leyes del poder', de Robert Greene y Joost Elffers, que sintetiza una profunda investigación de las filosofías de grandes pensadores de la talla de Maquiavelo, Sun Tzu y Clausewitz en relación a estas normas que regulan el uso del poder y que se aplican en la vida cotidiana para lograr cualquier propósito.

En política, Nicolás Maquiavelo en 'El Príncipe' sostuvo que cualquier hombre que intente ser bueno todo el tiempo terminará en la ruina entre la cantidad de hombres que no lo son. Por lo tanto, un príncipe que quiera conservar su autoridad deberá aprender a no ser bueno y usar ese conocimiento o prescindir de su uso, según las necesidades que se presenten.

Más allá de los resultados de las elecciones, que hay que respetarlos, a sus actores -no todos porque existen excepciones destacadas- lo que les interesa es el disfrute del poder. Los que ya llegaron saben lo que significa volver o seguir y los que lo hicieron por primera vez descubrieron un mundo de ventajas en todos los órdenes, personales, políticas, de seguridad, y que les pasó a mejor vida cuando se sirvieron del país en lugar de servir al país.

Por ello es que aquellos que han disfrutado del poder no les gusta abandonar porque saben lo que significa tenerlo en sus manos, pero también deben estar conscientes de que no es para toda la vida sino hasta cuando llegue algún día la rendición de cuentas de sus actos. A los peores dictadores en el mundo que se creyeron dueños del destino de sus países les llegó la hora y unos fueron a la cárcel, otros al cementerio y unos terceros escaparon con mucho dinero, pero que no pudieron disfrutarlo por la persecución que sufrieron. Al final no pueden vivir en paz a donde vayan.

Aprovechan para "trabajar incansablemente por el país", en medio del poco interés ciudadano por exigir la rendición de cuentas. Poco importa si de por medio existe una dádiva o una ayuda a cambio de una camiseta o cualquier cosa que les entregan y luego en su nombre hacen lo que quiera. Por ello hay que fustigar a los que investigan y con mayor razón a la prensa, que incomoda al poder porque realiza la tarea que deben hacer los organismos de control, que constituyen una vergüenza porque no han cumplido con sus mandatos constitucionales.

Todo en nombre del pueblo, de sus seguidores, de aquellos que participan en un proyecto político. Todo hasta llegar al poder y luego tratar de tenerles contentos con alguna migaja mientras firman contratos para la ejecución de obras o para realizar compras públicas, en nombre de cualquier eslogan político pero la mayoría, con excepciones de rigor, terminan con grandes ventajas. Cómo cambiaron de estatus de vida, de vivienda, vehículos, de indumentaria y hasta de damas u otros acompañantes. Mientras más suben, más dura será la caída algún día.