Lolo Echeverría Echeverría

Del discurso al Gobierno

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Para seguir adelante, con frecuencia hay que dar marcha atrás. Le acaba de ocurrir a Grecia y ocurre con todos quienes hacen declaraciones “olímpicas” que luego son imposibles de sostener. Algunas de las noticias recientes de Grecia nos han obligado a pensar en nuestro país. Ha empezado a gobernar este año una coalición de izquierda que proclamó el fin de las penurias y el comienzo de una nueva era. Prometió que no pagaría la deuda ilegítima contraída por los gobiernos anteriores y el fin del programa de austeridad al que habían sido sometidos. Jamás negociaremos con la “troika”, prometió, refiriéndose a las autoridades de la Unión Europea y reclamaron a Alemania, principal acreedor, el pago de 160 000 millones de euros como indemnizaciones de guerra.

Para la Unión Europea resultaba imposible perdonar la deuda a Grecia porque otros miembros como España, Italia, Irlanda, Portugal, se habían sometido a rescates financieros aceptando las condiciones.

Las autoridades europeas y Alemania, pasando por alto las amenazas de desestabilizar a Europa abandonando el Eurogrupo y los desplantes izquierdistas, exigieron el compromiso de pago de la deuda y la presentación de un programa de reformas. “Si Grecia desea cumplir sus promesas electorales con el dinero de otros países está equivocada”, se dijo en el Parlamento alemán.
Grecia, finalmente, se rindió ante la realidad y aceptó las condiciones europeas. El acuerdo establece la extensión de la ayuda financiera, la presentación de un programa de reformas para que sea aprobado, la vigilancia del cumplimiento del programa de reformas antes de efectuar los desembolsos acordados y acceder a un tercer rescate en el mes de junio.

Alexis Tsipras enfrenta ahora el reto de sostener la alianza que le puso en el gobierno y convencer a los griegos que le apoyaban en un 80% cuando hacía desplantes a Europa, de que cumplirá promesas electorales como poner fin a la austeridad y subir los salarios.

Los más radicales empiezan a expresar decepción. Manolis Glézos, eurodiputado del partido de Tsipras, dice en carta a los griegos: “Cambiar la palabra “troika” por “instituciones”, “memorándum” por “acuerdo” y “acreedores” por “socios” no cambia en nada la situación anterior. Ha pasado más de un mes y la promesa no se ha hecho realidad. ¡Qué pena! Por mi parte, pido perdón al pueblo griego por haber contribuido a esta ilusión”.

La firma de un acuerdo que lucía imposible le da tiempo a Tsipras para alcanzar lo más difícil, pasar del discurso al Gobierno y llenar las expectativas creadas. Cobrar los impuestos a los ricos y reducir la corrupción le pueden dar suficiente dinero para programas sociales como bonos para alimentación, electricidad gratuita para los pobres, un ingreso mínimo para las familias más pobres y ayuda para resolver el problema de las hipotecas de la vivienda.