Gonzalo Maldonado

¿Qué es el dinero electrónico?

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Ahora mismo es posible que una persona en Ecuador pague en efectivo sin tener que entregar billetes o monedas, sino mediante una transferencia de cuenta a cuenta, utilizando su celular. Esa posibilidad ya existe en el país gracias a tecnologías como la denominada USSD (“Unstructured Supplementary Service Data”) que corre en cualquier teléfono, desde el más sofisticado hasta el más sencillo.

El usuario también puede utilizar esa tecnología –entre muchas disponibles en el mercado– para pagar con su tarjeta de crédito o débito y para realizar pagos recurrentes por los servicios de luz, agua y teléfono, por ejemplo.

Por tanto, el ‘dinero electrónico’ –como le conocemos acá en Ecuador– no es otra cosa que una plataforma de pagos que funciona con teléfonos móviles. Es una modalidad transaccional muy en boga en el mundo porque facilita el consumo y el intercambio de dinero.
En República Dominicana –un caso que conocí de cerca hace dos años– este sistema de pagos es ampliamente utilizado gracias a que el Estado permitió que los bancos, las telefónicas y las empresas de tecnología se asociaran para brindar este servicio a la comunidad.

Acá en Ecuador, los pagos móviles no se han masificado porque el Gobierno ha querido monopolizar esta actividad. Con esto solo ha logrado despertar sospechas entre los agentes económicos sobre el verdadero uso que se quiere dar a ese sistema. La prueba más clara de ello es que, desde su incepción, solo se han demandado 800 mil dólares electrónicos de los casi 40 mil millones de dólares que hay en toda la economía.

Para que funcione, el ‘dinero electrónico’ solo puede ser concebido como una plataforma de pagos; es decir, como un mecanismo que facilita las transferencias de dinero y la compra-venta de bienes y servicios. Utilizar esta tecnología para emitir dinero sin respaldo solo haría que este servicio colapse y, peor aún, pondría en riesgo el formato monetario vigente.

Por eso, es conveniente la decisión del Ejecutivo de abandonar su deseo de monopolizar este servicio. Con esta resolución fomentará la masificación de un sistema de pagos que trae grandes beneficios sobre todo a quienes están en la base de la pirámide social, pues se ha probado hasta la saciedad que mecanismos como estos dinamizan sus ventas y les convierten en sujetos de crédito, por ejemplo.

Desde el punto de vista de la liquidez –que es el tema que más preocupa, y con razón, a las autoridades– el ‘dinero electrónico’ ayudará a que los depositantes saquen menos dinero de sus cuentas porque tendrán menor necesidad de llevar billetes consigo.

Pero desde el punto de vista fiscal no se obtendrá beneficio alguno porque al entregar esta plataforma al sector privado, la posibilidad de hacer pagos con dinero inorgánico desaparecerá por completo.