Jorge León

Dinero electrónico: sí o no

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Suena exótica la discusión en Ecuador sobre quien emite dinero electrónico. Más que fundamentos en uno y otro sentido sobresale la desconfianza de los bancos privados o del Estado (Banco Central del Ecuador, BCE).

En el mundo crece el uso del dinero electrónico que, en realidad, es un sistema de transferencia electrónica de fondos de dinero que uno dispone en alguna cuenta. Mis estudiantes, en Montreal, casi ya no usan monedas y billetes. Pagan hasta un café con la tarjeta de débito que hace la transferencia del pago a la cafetería. Así en todas partes, se paga por órdenes electrónicas a un fondo de dinero en un banco.

Vamos, pues, al mundo de transferencias comerciales hechas electrónicamente.
La confianza es la condición. Nadie debe dudar que se está ante dinero garantizado. La máquina para admitir la tarjeta para la transacción identifica al banco que pertenece y si dispone de recursos. No puede haber dudas de que no es dinero. La garantía es el banco.


El Gobierno ecuatoriano quiere que sea el BCE el garante de un fondo para pagos para esta transacción (como la tarjeta de teléfono) convertida en moneda electrónica. Las razones para ello no faltan y son de talla.
Pero hay dudas debido al sistema de dolarización que deja sin política monetaria al país y que los oponentes creen que sea un paso a la desdolarización. El Gobierno contaría con la moneda electrónica para pagos diversos pero el Banco Central ahora no tiene recursos propios para ser garantía segura.


Hay dudas de que el Gobierno use ello como una moneda nominal sin el respaldo necesario, como lo ha hecho ya con pagos en papeles inseguros (funcionarios despedidos..); su valor real no corresponde necesariamente al valor indicado en el papel.
Se dice que el afán de gasto de Correa le podría llevar a convertir el dinero electrónico en el falso financiamiento del Estado; es decir, en papeles electrónicos sin respaldo real, una devaluación electrónica con una plancha de billetes que es ahora electrónica.

El dinero electrónico es un medio de pago como el billete o el cheque, pero este no puede funcionar sin respaldo, llevaría a una devaluación.
Hay otras razones para, en cambio, dudar de los bancos privados, por el abuso de los banqueros con los recursos de los ahorristas, como en los 90. Lo más complicado es el tentáculo del narcotráfico.

La moneda electrónica puede ser un modo de lavar dinero. 
El Gobierno no debería tener la facultad de usar este sistema para pagos sin respaldos propios y exclusivos para esas transacciones. 
La desconfianza es así un freno a una modernidad que no parará. En sociedades en las cuales las instituciones tienen peso porque sus normas se respetan, el banco central no inspiraría desconfianza. Pero como aquí se cambia normas según las circunstancias políticas prima la desconfianza.