Fernando Larenas

Difamar no cuesta nada

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19 de March de 2013 00:01

Blog número uno: En la democracia capitalista Julián Assange está preso en el interior de una Embajada, en contraste, en un país socialista como Cuba Yoani Sánchez está libre y se pasea por el mundo. Blog número 2: Libertad de expresión made in USA (un dibujo o caricatura del tío Sam tapando con una mano la boca de Assange y con la otra sujetando un megáfono para que Sánchez hable).

Esas dos imágenes son suficientes para graficar la fuerte campaña desatada por sectores de la izquierda intolerante de Brasil que aún no se entera que Lenin murió o que el muro de Berlín fue derribado con la fuerza de la juventud alemana cansada de las divisiones ideológicas.

A través de las redes sociales fueron enviados miles de montajes fotográficos y caricaturescos para ridiculizar a la bloguera cubana. Se incentivaron protestas en cada uno de los foros a los que asistió, se inventaron supuestas investigaciones atribuidas a la Embajada cubana, que resultaron falsas.

Yoani Sánchez fue hostilizada por un sector del gobernante Partido de los Trabajadores (PT). Pero la prensa brasileña, que tiene acceso libre a la información pública, descubrió de dónde salieron los blogs apócrifos.

La revista Veja aclaró el misterio. El autor de los ataques era un militante del PT. Aun así eso no tiene nada de malo, cada simpatizante o militante de una agrupación política tiene derecho a expresarse y enviar los mensajes que se le de la gana.

El problema era que el joven y entusiasta bloguero que promovió las protestas trabaja como asistente en el gabinete de un legislador que es vicepresidente de la Cámara de Diputados. Y eso constituye un delito federal.

En una dependencia pública no se puede hacer trabajos particulares y ese acucioso militante los efectuaba sin ningún escrúpulo. Con los recursos del Estado, que pertenecen a toda la sociedad, no se puede y no se debe abusar.

El mismo personaje tenía fama por trabajar desde la oficina federal bajo pedido de ataques directos a adversarios políticos. Sin embargo, no lo hacía gratis, cobraba el equivalente de entre 1 000 y 2 000 dólares.

El sujeto, según Veja, estableció una especie de franquicia mediante la cual expandió a todo el país su red de difamación. Su objeto fue siempre cualquier rival que discrepe con las ideas del gobernante PT.

Algunos políticos entienden que a la difamación se la combate con más difamación, pero si se recurre a esa sucia práctica deberían por lo menos ser más escrupulosos. Una cosa es hacerla desde la casa y otra desde la oficina, especialmente si es que es un funcionario público.

En las redes sociales surgen a cada rato toda clase de blogueros. En Twitter se los denomina 'troll' y son personas dispuestas a defender el estatus quo que les brinda el poder, pero generalmente son anónimos e intolerantes con las ideas ajenas. Combaten las ideas cobijados en el anonimato.