Columnista Invitado

Difamación y justicia

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Julio E. Muñoz

Un reciente fallo de la Corte Federal de New York a favor del The New York Times aparece como una luz de esperanza que fortalece la libertad de prensa en el hemisferio y destaca la responsabilidad de los medios.

El dictamen se relaciona a una querella interpuesta por Sarah Palin, ex candidata a la vicepresidencia, quien se vio aludida en un editorial. La nota se refería a un francotirador que disparó hacia un grupo de representantes del Congreso, quienes practicaban en una cancha antes de un partido benéfico. En el ataque resultó herido de gravedad el representante Steve Scalise.

El editorialista, James Bennet, comentaba que la violencia desatada era producto de una polarización política que llegaba a incitar la violencia. Como ejemplo, Bennet mencionaba un incidente del 2011, cuando la representante, Gabrielle Giffords, fue víctima de un ataque y recibió un disparo en la cabeza que la dejó gravemente herida. Bennet señalaba que grupos políticos estaban identificando a representantes del Partido Demócrata como objetivos.

Lo importante es que el mismo día de la publicación, el New York Times recibió varios mensajes donde les hacían ver un error. El llamado no era para identificar a políticos, sino a definir distritos donde pondrían mas énfasis durante la campaña. Las autoridades del diario ordenaron inmediatamente una corrección la que fue publicada esa misma mañana. La resolución de la corte hizo ver que el diario había rectificado la información y que no había actuado con malicia real o con una despreocupación imprudente de la verdad.

Estos principios datan de 1964 cuando la Corte Suprema de los Estados Unidos falló en un caso emblemático, Sullivan versus The New York Times, donde se estableció que, en hechos de difamación, una figura pública debía probar que el medio había actuado con negligencia y con la intención de infligir daño a la reputación al publicar una noticia a sabiendas que era falsa.

El Juez señaló que podría haber negligencia del diario, pero no alcanzaba a ser una difamación a una figura como Sarah Palin.

Estos principios existen en América Latina pero rara vez son invocados. La Convención Americana dice a la letra que “debe probarse que en la difusión de las noticias el comunicador tuvo intención de infligir daño o pleno conocimiento de que se estaba difundiendo noticias falsas o se condujo con manifiesta negligencia en la búsqueda de la verdad o falsedad de las mismas”.

En los últimos años muchos gobiernos han tratado de darle un carácter criminal a acciones que son netamente materia de interpretación. La misma Convención Americana indica que “la protección a la reputación debe estar garantizada solo a través de sanciones civiles y no penales”.

El fallo sirve como un recordatorio para gobiernos autoritarios que ignoran las leyes. También es una lección para los medios quienes deben estar dispuestos a corregir la información cuando es incorrecta, incompleta o sin confirmación.