Juan E. Guarderas

El Diderot ecuatoriano

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25 de January de 2013 00:01

No se necesita ser un gran explorador de París para encontrar la estatua de Diderot. Este monumento está en un lugar ineludible para cualquier turista, al otro lado de la famosísima iglesia de Saint-Germain-Des-Prés –que data del año 558, donde están enterrados varios monarcas e incluso René Descartes– en uno de los corazones del Barrio Latino.

Pero allí no terminan los honores a Diderot, hasta ahora los franceses siguen rindiéndole enormes homenajes. El año pasado, Jacques Attali, uno de los más renombrados filósofos galos, publicó una inmensa obra con el halagador título “Diderot o la dicha de pensar.” ¿Qué hizo ese hombre para suscitar tanta admiración? Fue figura decisiva de la Ilustración y además reformuló la Enciclopedia moderna en 1751. Esa corriente filosófica desencadenó la Revolución Francesa, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano; ellos sostenían que la razón humana podía erradicar “la ignorancia, la superstición y la tiranía” (en términos de Voltaire).

Para lograr esos objetivos la Enciclopedia es una pieza clave. Es un instrumento de condensación, sistematización y transmisión del conocimiento; que a su vez es fundamental para que la inteligencia humana brille.

Entonces tomando en cuenta el contexto ecuatoriano y las necesidades de maduración en nuestro país, si hubiese una neo-ilustración ecuatoriana yo desearía que nos dé una Enciclopedia de la Política.

Ustedes se preguntarán, ¿cuándo podrá contar el Ecuador con un Diderot propio? ¿Cuándo podremos nosotros honorar en nuestras plazas a un nacional que quiso elevarnos de la ignorancia, la superstición y la tiranía? Y yo me pregunto, ¿la sociedad ecuatoriana sabría reconocer suficientemente a un Diderot cuando se nos presente? Rodrigo Borja empezó a escribir su “Enciclopedia de la Política” el 3 de febrero de 1993 y, tras varias ediciones exitosas, sigue trabajando en ella. En esta obra se tratan alrededor de 1 600 conceptos, a lo largo de 8 600 páginas, o sea 22 volúmenes de 400 páginas cada uno.

Ella a generado la admiraron de los ex presidentes: Soares de Portugal, De la Madrid de México, tres de República Dominicana, Fernández, Bosch y Balaguer, Aylwin de Chile, Sanguinetti de Uruguay, Alfonsín de Argentina, Betancur de Colombia; además de otras figuras, como el ex director Mundial de la Unesco, Federico Mayor. Las ondas de asombro producidas en el ámbito internacional han sido formidables.

Ya hay un Diderot ecuatoriano, que a diferencia del francés, no ha tenido a su disposición todo un equipo sino que lo ha hecho todo por sí mismo. La magna obra está hecha, solo falta una sociedad vibrante, hambrienta de superación, que la reciba, la saboree y la aproveche. La gran interrogante es, ¿qué institución comenzará por reconocer el mérito?