Carlos Larreategui

Dictaduras del siglo XXI

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28 de November de 2012 00:00

Bajo este sugestivo título, Osvaldo Hurtado acaba de publicar su más reciente investigación sobre el Gobierno autoritario de nuevo cuño que gobierna el Ecuador desde el 2007. Con el rigor y la prolijidad que caracterizan sus pesquisas sociales, Hurtado sistematiza los elementos del sistema autocrático montado por Rafael Correa e hilvana el proceso de acumulación de poder que arrasó con las débiles, pero perfectibles, instituciones democráticas del país. La obra representa una de las contribuciones intelectuales más importantes de los últimos años y su lectura constituye un imperativo para todo ciudadano responsable que se interese por la suerte del Ecuador.

La investigación describe con precisión la forma en que la revolución ciudadana ha manipulado las instituciones democráticas para armar una "dictadura perfecta". Según Hurtado a diferencia de las dictaduras que se instalaron en el Ecuador como resultado de conspiraciones o golpes militares, Correa llegó al Gobierno mediante el voto libre de los ciudadanos. Una vez en él, y torciendo los instrumentos de la democracia, Correa capturó las funciones del Estado y se convirtió en “el primero y mayor poder fáctico del Ecuador”. Para Hurtado, las dictaduras del siglo XXI -también figuran Venezuela, Bolivia y Nicaragua- “conformaron un sistema de dominación política, económica, social, electoral, cultural y comunicacional, del que se han valido para eternizarse en la Presidencia y perseguir, apresar, exilar, silenciar y amilanar a críticos y opositores”. La manipulación de los electorados y la utilización de los gigantescos aparatos estatales han permitido a estas dictaduras fabricar elecciones que buscan legitimar sus abusos. Sin embargo, “el voto popular no puede subsanar el atropello de las instituciones del Estado de Derecho” ni cohonestar una dictadura.

Al recorrer los pasajes del libro y ponderar los hechos relatados bajo el impecable hilo conductor que traza Hurtado, me vienen algunos pensamientos: que los socialismos del siglo XXI están condenados a perpetuarse indefinidamente bajo su propia lógica de desafueros que cualquier tribunal independiente castigaría con severidad en el futuro; que estos gobiernos son fruto de la miopía y oportunismo de actores políticos, gremios y numerosos ciudadanos; que algunos de esos ciudadanos y grupos, persuadidos de una valentía y arrojo supuestamente demostrados ante gobiernos tolerantes del pasado, son actualmente presas del terror y la cobardía; que en el mundo, algunas formas cuentan más que las realidades, y que la Carta Democrática Interamericana, suscrita en el marco de la OEA, no pasa de ser un grotesco juego de disfraces; finalmente, que todos, sea por acción u omisión, somos responsables de lo que ocurre actualmente en el Ecuador y que está en nuestras manos asumir un destino diferente.