Marcelo Ortiz

El dictador

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7 de May de 2013 00:02

Utilizo este sustantivo como título del análisis para difundir sus características. Su práctica tiene varios siglos y fueron los griegos quienes vivieron ese tipo de dominación política llamada tiranía en ciudades griegas de los siglos VI y VII antes de la era común; y en lo contemporáneo, vivió la revolución francesa con el autócrata Napoleón Bonaparte. En el siglo XXI concluyeron muchas dictaduras. La de Libia terminó con una guerra civil que mató al dictador Muammar Gadaffi en octubre- 2011 después de 42 años en el poder; y en Egipto y Túnez, finalizaron dos semanas atrás. La de Siria continúa, a pesar de más de un año de guerra civil y Bachar al Asad se aferra al poder heredado que cumplió ya 40 años. En Cuba los hermanos Castro superan los 54 años, y en Corea del Norte un nieto ostenta soberbio el poder absoluto con el récord mundial de 65 años. He aquí la primera característica: mantenerse en el poder.

Duverger afirma que el dictador se apoya en tres elementos: a) una fuerza de protección; b) el partido único; y c) medios de acción sobre el pueblo como la propaganda y la represión. Así hace aparecer a su poder como legítimo. Freud, en la Psicología de las masas, apoya su análisis en Gustavo Le Bon, quien explicó que la multitud tiene alma colectiva que a sus integrantes les hace sentir, pensar y obrar de una manera distinta a como ellos lo harían individualmente, y concluye que al ser parte de esa masa inconsciente los hace autómatas. Es el segundo rasgo del dictador: actuar ante el pueblo-masa para que asimile su proclama política, y llevarlo a las urnas para que vote por él y por quienes están en su partido.

El médico español Enrique Salgado considera que el dictador, al ejercer el máximo poder, ha llegado a su meta definitiva, y al mirarse a sí mismo en la cumbre, cree ser el "centro vital-astral y contempla la cantidad de seres y cosas que giran en torno a él". Ha adquirido fama, respeto, aplauso y admiración, pero a la vez siente inseguridad ante el futuro. Cuida su integridad personal, el poder y la continuidad de su obra. No ve claro el problema de su sucesión y por eso somete a procesos de extinción a cualquier rival que anhele sustituirlo. "Acaba con las vocaciones políticas". Para llegar a este nivel ha disminuido la libertad ciudadana y suprimido la libertad de expresión con la cobertura total de medios gubernamentales, a más de que ya ha impuesto muchos de sus hábitos personales a su pueblo. Es la tercera característica.

Por último, el dictador siempre está en actitud defensiva ante el miedo a perder su sitio en la cumbre del poder, y ese peligro se basa en que la opresión general engendra odio, que puede extenderse aun a sus cercanos colaboradores, y convertirse en la base social de la conspiración. Como dice el Dr. Salgado "cuanto más se aferra al poder más le duele perderlo y más temor siente a despeñarse desde la cima".