Roberto Salas

Diálogo sobre herencias y plusvalía

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El pretendido cambio al impuesto a la herencia y al de la plusvalía ha desatado reacciones efervescentes. Según el Gobierno, la intención es mejorar la redistribución de riqueza. Pero la idea se percibió como un atentado en contra de la propiedad privada en un momento en que intermitentes decisiones oficiales, y actitudes políticas rígidas, han ido acumulando malestar en ciertos sectores, conteniendo un ánimo irritado que terminó por explotar.

Es verdad que familias pudientes pueden concentrar enormes cantidades de riqueza lo que impulsa desigualdad. Un reciente artículo indica que en Chile menos de 70 familias concentran el 20% de la riqueza. Si es esto lo que quiere atacar el Gobierno, hay formas de enfrentarlo sin generar una percepción errada.

Afortunadamente, el Presidente decidió retirar las leyes y convocar a un debate nacional por tres meses. ¿Cómo hacer un diálogo constructivo? Crear ambiente. Deponer posiciones extremas. El diálogo será imposible en un ambiente de alta presión, inflexibilidad, o violencia. Los líderes de todos lados tienen esta responsabilidad.

Convocar diferentes sectores. Además del sector político y empresarial deben incluirse las universidades, organizaciones sociales, la prensa, los sindicatos y otras instancias relevantes.
Asignar interlocutores efectivos. El Gobierno hace bien en robustecer el rol de sus ministrosy altos funcionarios. El Presidente no puede ser el interlocutor de todo. Al no haber mas opciones, el diálogo termina rápido.

Definir bien los temas. Será lo más difícil. No puede ser si las empresas familiares en general son buenas o malas. Aquí no hay discrepancias. Tampoco debería ser el modelo económico ya que sería un diálogo interminable. El problema de fondo es cómo reducir la desigualdad, o cómo enfrentar la crisis económica sin dañar la dolarización, tomando compromisos y mejorando la confianza.

Hacer concesiones. Estar dispuesto a esto es fundamental para lograr acuerdos mínimos. En el caso del impuesto a la herencia, que no es relevante en recaudación pero sensible en las familias, hay que ponderar las circunstancias y no exagerar. Mejorar los sistemas de control de evasión puede ser suficiente.

Lograr mejorar las leyes o no insistir. Las deducciones y excepciones en ambos proyectos deben ser tan claras y simples que el 98% de la población no debe tener dudas sobre su impacto nulo para ellos. En tiempos de sacrificios, quien los pide debe empezar primero.

En conclusión, si el fin es reducir la desigualdad, hay que atacar lo medular: educación y salud de calidad, empleo, eliminar la corrupción, transporte público eficiente, mayor apoyo a las pymes. En términos de impuestos adicionales, el momento es muy malo, pero en términos de objetivos de interés compartido, siempre es oportuno.

rsalas@elcomercio.org