Alfredo Negrete

Después de la quimera

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Ernesto Ottone y Sergio Muñoz, participantes y testigos de la etapa chilena más convulsionada del siglo XX de su país, escribieron en 2008 un ensayo de reflexión titulado ‘Después de la Quimera’.

Conversaron los autores sobre su pasado político como miembros de las juventudes comunistas, militantes de la Unidad Popular durante el gobierno de Salvador Allende, exiliados durante la feroz represión y hoy reconocidos académicos. Esa obra, por ciertos parecidos, permite lucubrar sobre el futuro de los revolucionarios ecuatorianos de comienzos del siglo XXI cuando les toque dejar el poder.

No corresponde indagar sobre las situaciones familiares o patrimoniales. Lo importante es imaginar, siguiendo la ruta de experiencias similares, imaginar cómo se reencontrarán social, política e ideológicamente para recobrar fuerzas y poder regresar. El tango siempre ayuda“sentir que es un soplo la vida que veinte años no es nada…”.

No serán los mismos, pero la experiencia cuenta mucho, como lo demuestra este gobierno que se nutrió de personajes de la era de la partidocracia, sin ningún sonrojo. Muñoz y Ottone, en el sepelio de la Quimera y sin abandonar la nostalgia, recorren los pasillos del ayer y rememoran, desde la euforia revolucionaria hasta la frustración y el desencanto, en medio de la atmósfera de terror que conmocionó a su país. Y aportan semillas de madurez.

Tratando de entender la tragedia de ese pasado chileno hay que reconocer – a diferencia del presente del Ecuador - que combatieron en plena Guerra Fría liderada en el lado vencedor por Nixon y Kissinger contra una inerte URSS. Por el contrario, hoy a Obama, al Departamento de Estado y a la CIA – si todavía existe – no les importan los derechos humanos en Venezuela ni el ataque a la libertad de expresión en Ecuador. Antes era diferente, pues se trataba de los comunistas y de los intereses económicos. Ahora, si alguien molesta, Raúl Castro pone en orden la casa...

En Ecuador la situación es grave, mientras no exista un acuerdo entre los megalómanos líderes guayaquileños, pues en Quito los actores están guardados en los interiores del Panecillo. En estas condiciones, el retiro tranquilo de las camisas verdes, rojas o pardas estará garantizado.

Por el contrario, si los primates de la zona costera suscriben un ‘statu quo’ en el único punto posible, que es el artículo 44 de la Constitución para llamar a una consulta popular que convoque a una Constituyente, la situación será diferente; máxime, cuando en la balanza del poder, algunos de los uniformados esta afectados por el ‘zika’.

En estas condiciones, la situación política permitirá que el Gobierno -con sus facultades más algunas artimañas- y los dispersos rebaños de la oposición jueguen a una ruleta rusa, cada cual por su lado. No sería raro que estalle el caos con su secuela de desdolarización y el fin del Estado de Derecho. Muy parecido a lo que sucedió en 1941 y 1942, cuando nos dijeron al salir de Itamaraty, “que regresemos y aprendamos a ser país…”.

anegrete@elcomercio.org