Manuel Terán

Desfachatez

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1 de January de 2014 00:01

Si la dialéctica no jugase un papel preponderante en todas las esferas de la vida y siguiese en boga el realismo mágico, nombre acuñado para denominar el trabajo literario de esa generación gloriosa de latinoamericanos en la segunda mitad del siglo XX, habría suficientes elementos e historias para seguir nutriendo páginas de absurdos, que no son fábulas sino hechos producidos en la realidad. ¿Cómo puede entenderse que en un país de los más avanzados de América Latina, una familia presidencial, dueña de hoteles, haya admitido que el mayor beneficiario de la obra pública de la provincia de la que fue Gobernador quien luego ocupó la Presidencia de la Nación, celebre contratos que le garantizaban el 60% de la ocupación hotelera al año sin que exista el suficiente número de empleados que se hospede en dichos hoteles? ¿No se trata de una audaz tomadura de pelo? ¿Pago de favores? Ojalá en algún momento este asunto se dilucide ante la justicia pero, desde la ética, no cuadra que un contratista del Estado tenga negocios a través de sus empresas con las de propiedad de los gobernantes. Suficientes utilidades le debe haber proporcionado los negocios a la Mandataria, para que estrene a menudo bolsos de marca cuyo valor más que triplican el salario mínimo de un trabajador. Interesante manera de interpretar la década ganada.

La novela sobre la ocupación de la casa presidencial venezolana, es digna de un culebrón de los que se producen en ese país. La hija del expresidente fallecido se resiste a abandonar la residencia que habitó su padre cuando ejercía el cargo, no se conoce a cuenta de qué. ¿La patria venezolana debe permitir, en memoria del fallecido, que su descendiente permanezca de por vida como si hubiese estado predestinada a permanecer en el Olimpo? Según comenta la prensa entrometida, esto incluso ha causado inconvenientes al actual Presidente quien al parecer no atina cómo manejar el tema.

Lo de Nicaragua parece ser un nuevo guión de regreso al futuro. Habiéndose liberado de una dinastía opresora incluso mediante las armas, a la vuelta de los años se encuentran con otros actores con idéntica pretensión, mantenerse a toda costa en el poder, haciendo cambios constitucionales a la medida al más puro estilo de las viejas tiranías que tanta antipatía causaron en los lejanos años de revueltas. Lo de la pauperizada isla gobernada por octogenarios, empobrecida hasta el tuétano merecería todo un capítulo aparte, pero sólo pensar que para algunos sigue siendo el referente de vanguardia, da pauta para pensar que los psicólogos deben estar llenos de trabajo.

Ante todo esto la intelectualidad latinoamericana calla, se silencia, salvo voces de excepción. Sus compromisos no son con los pueblos sino con destartaladas teorías que, por más que sean notorios disparates, les son funcionales para lo que es su propósito final, hacerse del poder, servirse de él y mantenerlo a cómo haya lugar. Cinismo puro, supuestamente en nombre de los más desfavorecidos.