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Días de familia, rezos y cánticos para los creyentes, descanso para el resto. Comidas y brindis, alegría total. Los centros comerciales exacerbaron la intención de consumismo y no sabremos si habrán logrado sus metas de ventas. Cargados de paquetes, todos con sobreprecio, golpearemos las puertas de los más cercanos para celebrar. El chuchaqui, vendrá después. ¿Completaremos nuestra lista de deseos?

Deseé un paquete de esperanza para un pueblo desesperanzado, recibí una sorpresa con impuestos que frenarán de una vez por todas la economía. Pedí una bolsa de honestidad y me dieron un enredo de vergonzosos escándalos que causan incredulidad. Pedí una caja de unidad en búsqueda de paz, recibí tanto ego y vanidad que no sé qué hacer con ellos. Una funda de paz, me entregaron dosis de agresividad e intranquilidad. Deseo un paquete de futuro y recibo incertidumbre. Pedí un regalo de justicia e igualdad. Deseo un Ecuador inclusivo, diverso, tolerante, pacífico, honesto, y, en sólo diez años, recibo lo que nunca esperé del país que me vio nacer. Mi lista de deseos está truncada, rota, al chocar con una realidad, inmensa pared de ambiciones desmedidas, egoístas vanidades.

Soñé en mi responsabilidad con el futuro, con la herencia a las generaciones futuras. Prosperidad, trabajo, como dirían hoy, un buen vivir; justo, donde el respeto, la ética, las manos limpias, la moral sean la norma. El buen vivir no se basa en un sombrero de paja toquilla, hamacas, ejercicio a media mañana y el mordisco de una manzana importada, porque las nacionales son más caras. El buen vivir no es una burocracia que defiende sus puestos como gatos patas arriba. No es un gasto desconsiderado, irrespetuoso con la realidad del pueblo que puso en sus manos sueños y esperanzas.

Cuando los afectados por el terremoto, seres humanos, que sufrieron una desgracia mayor, fueron olvidados por el gasto y los gritos ambiciosos de una campaña que, no tiene miramientos pero, requiere la victoria, no hay unidad. Cuando se defiende a la mujer pasada de tragos que confía en su poder y amenaza con él, no existe honestidad. Cuando hay una mujer, que debe ser protegida contra la agresión, no existe igualdad. Cuando los pueblos ancestrales se convierten en incomodidad ante la posibilidad de dólares, no hay justicia. Si los políticos se creen dioses no hay país, sino una propiedad privada de unos pocos con las manos llenas y corazón muerto.

Mis deseos no se rinden, mis sueños no mueren, se fortalecen en la convicción y esperanza, de que no todos nos hemos dado por vencidos, que aún esperamos dejar un legado de consciencia a nuestros hijos y nietos. No, a una mala copia de regalitos cuyos resultados, una vez que se destruye el elegante y engañoso papel que los recubre fastuosamente, son realidad a viva luz. Luz de fin de año que, espero nos ilumine y nos haga reflexionar. Seguiré luchando, guiada por la luz, el refuerzo del recorrido del año que acaba, alcemos la voz y los brazos, vamos juntos por un Ecuador que traiga brillantez a las generaciones del futuro. Los deseos no mueren, son la esperanza.

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