Monseñor Julio Parrilla

De qué desarrollo estamos hablando

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Quizá la crisis económica que sufrimos sea un buen momento para reflexionar sobre el desarrollo. Apenas puedo decir algo, técnicamente hablando, pero sí puedo afirmar que el desarrollo no puede reducirse al simple crecimiento económico. Que para ser auténtico debe ser integral, es decir, capaz de promover a todas las personas y a toda la persona humana.

A pesar de ello, las políticas económicas, en general, no han dejado de ser profundamente economicistas. Los horizontes de justicia y equidad siguen lejos de la realidad cotidiana para millones de hombres y mujeres de nuestro planeta. Por lo que nos toca, nuestra población empobrecida (mestiza e indígena) sigue siendo muy vulnerable.

Un tercio de la población vive con menos de un dólar por día, lo cual no nos permite hablar de pobreza, sino de indigencia. Nuestra realidad está fuertemente marcada por la crisis social y económica que afecta al mundo global y, en particular, a nuestro país, inmerso en el populismo bolivariano y, al mismo tiempo, baqueteado por las crisis globales, fruto de los excesos de un capitalismo que antepone los intereses del mercado al bien común y a la dignidad de las personas y que, como siempre, pagan los más desfavorecidos.

Hace pocos días, en el II Congreso de Chakareros, celebrado en Riobamba en defensa de la Pacha Mama, les señalaba, entre otros, tres desafíos que me parecían fundamentales en esta hora nuestra:

- El desafío de una economía social y solidaria, que sea instrumento de equidad y de desarrollo integral. Bueno sería que distinguiéramos todos entre crecimiento económico y desarrollo humano y profundizáramos qué significa el buen vivir, el “suma kausay”… ¿Lo haremos coincidir, simplemente, con el hecho de tener plata y ser buenos consumidores?

-El desafío comunitario y organizativo. Tristemente, tanto en el mundo indígena como en el mestizo, el individualismo de la cultura dominante, de los intereses económicos y del poder político ha ido quebrando la realidad comunitaria y organizativa. Por eso, la comunidad, la organización de base, ha sido sustituida por liderazgos personalísimos, más en función del poder que del bien común.

- El desafío de custodiar la creación, la Pacha Mama. También entre nosotros hay ganadores y perdedores. El drama del inmediatismo político y económico provoca la necesidad de producir crecimiento a corto plazo con tal de ganar votos. Hay que pensar en el bien común inmediato, pues las revoluciones tienen prisa… Los temas amazónico, de extracción petrolera, de megaminería a cielo abierto, de la calidad del agua disponible para los pobres,… no siempre se plantean a favor de la vida y de la dignidad de los pueblos.

Los desafíos son muchos y grandes. ¿Sabremos revertir el curso de la historia? ¿O tendremos que acomodarnos sin más a los dictados del poder? Desarrollo sí, pero no a cualquier precio.

jparrilla@elcomercio.org