Enrique Echeverría

Desaparecidos

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0
1 de April de 2013 00:01

En la realidad de miedo que estamos viviendo, cuando el crimen se enseñorea no solo en la oscuridad de la noche sino a plena luz del día; cuando aparecen formas de delincuencia organizada con verdaderas bandas que no respetan ni propiedad ni integridad personal ni la propia vida; aparece con caracteres de alarma un capítulo desconcertante: los desaparecidos.

Este diario -edición del 23 de marzo- informa que se han formado tres grupos de familiares para buscar a extraviados y pedir que se indaguen crímenes, como ellos dicen "por falta de respuestas del Estado".

A los únicos que no invade la fatiga en la búsqueda de personas es a los padres, a los hermanos y a ciertos parientes cercanos. La Policía trabaja, pero llega un momento en que no puede más.

La dimensión de este trágico problema parece ser muy grande. Tan solo el R.O.No.885, de 4 de febrero pasado, publica citaciones para declarar la muerte presunta de 16 personas, con nombres y apellidos. Citación, porque nuestro Código Civil tiene un Capítulo sobre el Principio y Fin de la Existencia de las Personas; y, dentro de él, un parágrafo con el título: "De la presunción de muerte por desaparecimiento".

El juez del último domicilio que tuvo el desaparecido debe declarar su muerte presunta, una vez que justifiquen ignorar su paradero, que se han hecho las posibles diligencias para averiguarlo; y que, desde la fecha de las últimas noticias que se tuvieron, han transcurrido por lo menos dos años.

Cumpliendo la ley, se realiza citación por la prensa, en tres ocasiones diferentes.

La alarma ha llegado también al Consejo de la Judicatura, que ha emitido Resolución con un protocolo de actuación para la búsqueda, investigación y localización de personas desaparecidas, perdidas o extraviadas.

Por supuesto, todo partirá desde cuando se logre la ubicación de la persona desaparecida o extraviada.

¿Dónde está? Porque solamente a partir de ese hecho pueden funcionar una serie de medidas para devolverla a su familia. Entonces: volvemos al principio; y se explica y justifica que se hayan formado en Quito tres grupos de familiares para buscar a sus parientes desaparecidos, mientras la angustia, la desesperación y el dolor invaden sus espíritus y los convierte en proclives a la depresión.

¿Cuán grande es el padecimiento de una madre y de un padre, si su hijo no aparece? Investigan en todas partes: en hospitales, clínicas, cárceles.

No reparan en acudir a la morgue para saber si uno de los cadáveres corresponde a su familiar. Al final, ya podemos imaginar el desconsuelo y el abatimiento que inundarán sus almas.

Por eso es que buscan y vuelven a buscar, porque aunque hubiese muerto quieren tener sus restos mortales para darle una sepultura a donde acudir para llorar, constantemente, al menos su ausencia definitiva.