Abelardo Pachano

Desaceleración y ajustes

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En un estudio realizado sobre el futuro de las economías emergentes, cuyo autor es Evridiki Tsounta, publicado como ‘IMF Working Paper’ (WP/14/205), en la parte concerniente a América Latina señala tres campos en los cuales las políticas económicas de manejo equilibrado y atractivas para la inversión, se vieron apoyadas para obtener los resultados extraordinarios conocidos: los beneficios recibidos durante la última década a través de los remunerativos precios de los productos básicos de exportación, que en la práctica significaron en promedio una mejora del 30% en los términos de intercambio. Segundo, las economías abiertas experimentaron la mayor ganancia en la acumulación de capital debido a las favorables condiciones financieras mundiales. Y, tercero, la formación bruta de capital fijo (podríamos decir inversión) más que duplicó en esos 10 años, con una tasa anual real (deducida la inflación) del 7.5% de crecimiento.

Por eso, la mayoría de los indicadores sociales han mejorado de manera notable. Hay millones de personas que salieron de la pobreza. El desempleo cayó, la creación de empleo se radicó fundamentalmente en la gestión privada (aunque no en todos los países, pero sí en la mayoría). La gestión fiscal permitió reducir el endeudamiento público. En algunos países se crearon fondos de contingencia y acumularon reservas internacionales como mecanismos de prudencia y protección. La balanza de pagos mantuvo resultados positivos. En resumen, se configuró un cuadro prometedor.

La región dejó de ser el centro de los desórdenes económicos mundiales. Había aprendido la dura lección de sus devaneos económicos y dio señales de madurez con programas que cuidaron los elementos sustantivos de una gestión seria y responsable, a la par que la acompañaron de medidas para cubrir las amenazas y debilidades detectadas en los últimos años del siglo pasado. Todo ese andamiaje, cuyas medidas iniciales fueron tragos duros de tomar, a la final le reportaron enormes beneficios.

Ahora está en otro ciclo. Han declinado algunos de los factores que tanto le ayudaron y el ambiente mundial no luce tan atractivo. Por eso se cree y el autor lo señala, confirmando la opinión de algunas instituciones mundiales, que América Latina puede perder hasta dos puntos porcentuales de crecimiento del PIB en los siguientes tres años. La incógnita mayor la tiene Brasil, mientras México, a pesar de su violencia interna, luce mejor. Argentina es un interrogante y Venezuela arrastra con sus horribles resultados.

La región y, por supuesto, el Ecuador con su complejo cuadro actual, reconocido por el propio Gobierno, deben reforzar sus políticas contracíclicas, mitigar los sectores en riesgo, en especial externo, financiero y en algunos casos el fiscal.