Miguel Rivadeneira

Los derechos de todos

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4 de November de 2013 00:01

Los derechos humanos nacen con las personas y no constituyen ninguna dádiva ni concesión de nadie. Entre ellos a disentir y a opinar libremente como establece la Declaración Universal. La semana pasada, al inicio del 149 período de sesiones de la Comisión Interamericana de DD.HH. hubo las primeras audiencias. El terma fundamental: la defensa de los derechos humanos y las libertades individuales de todos. Varios países de la región asumieron su responsabilidad y pasaron al banquillo de los acusados, pero otros no quisieron hacerlo.

En el caso de Cuba, la presencia de las damas de blanco tras 50 años de dictadura y pese a los golpes y persecuciones pudieron salir a Washington para levantar la voz de protesta en defensa de lo proscripto: los DD.HH. y la defensa de las libertades. Se rebelan aunque sean vilipendiadas, golpeadas y maltratadas.

Por testimonios de las denunciantes cubanas, además de las violaciones y atropellos contra los que dicen algo contra el poder, efectivamente se vive una igualdad, pero en la pobreza, la miseria y con la única voz oficial. La Medicina, tan promocionada y reivindicada con sus médicos, que quieren estar de moda, que ganan 20 dólares mensuales y los especialistas, 30 dólares, en medio de una calamitosa situación de los hospitales, sin medicinas ni los equipos de la dinámica moderna. Esos son los médicos que se quieren exportar hoy a sociedades en desarrollo de la región, que han avanzado sustancialmente, en donde existen profesionales y especialistas excelentes y mejor preparados, al día en la ciencia, como son los nacionales.

A los pensamientos críticos con argumentos pero respetuosos, sin insultos ni diatribas, se responde con injurias y hasta amenazas de muerte que se riegan en las redes sociales, que se quiere controlar a unos y se da rienda suelta a los defensores del poder. Sin embargo, al pueblo se le llena de propaganda, los culpables resultan los críticos y se convence a gran parte de la población desinformada.

La proclama: o se allanan en todo al pensamiento único, que ronda parte de la región, o se sanciona sea quien sea, inclusive a quienes respaldan un proyecto político, con el derecho que se entiende que tienen, pero que osaron expresar una opinión diferente, por equivocados que pudieran estar.

El saldo parcial: no se puso la debida atención a lo que paulatinamente sucedía en la Venezuela de Chávez. Se pensó en la mesa de la unidad años más tarde. Los políticos opositores, con errores propios, muy mal articulados y divididos en vísperas de elecciones seccionales, siguen soñando en sus egos y ambiciones personales y no piensan en el bien superior, el bien común, ni en sus hijos y nietos. Una administración que no respeta los DD.HH. y las libertades individuales de todos, no solo de sus seguidores, no es una plena democracia.