6 de March de 2011 00:00

El Estado de Derecho

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0

Los medios nos narran con todo lujo de detalles la crisis del África árabe. De pronto, salen a la luz los excesos de dirigentes que representan lo peor de la condición humana: la codicia, la injusticia, la crueldad... Lo patético no es que estos líderes existan, sino que haya pueblos que los toleren durante años, víctimas de una especie de "trágala" que nadie osa denunciar. Paradójicamente, los mismos países que hoy se rasgan las vestiduras son los que han aupado y sostenido a estos líderes de pacotilla, siempre hasta que dejan de serlo.

Tal situación me hace pensar en cuáles deberían de ser los planteamientos que, desde la ética social, tienen que sostener el Estado de Derecho. Primero, el valor de la persona, cuya dignidad y libertad no siempre se respeta. Es triste decirlo, pero casi todos los mesías que dicen servir al pueblo acaban sirviéndose de él para perpeturase en el poder y defender sus intereses de troncha y familiares. Las personas entran así en la categoría de los medios, algo relativo al ejercicio del poder y, por tanto, manipulable.

Segundo, el valor del bien común. Una vez más, toca decir a las mujeres y a los hombres de partido que, antes de plantearse lealtad al líder, tomen partido por la justicia, por el bien de la comunidad, por la inclusión de todos en un proyecto que tiene que ser de todos, de los que gobiernan y de la leal oposición. Esta capacidad de trascender los intereses particulares en función del bien común es lo que distingue a un estadista de un gobernante. Mirando hacia atrás, hay que reconocer que nos han sobrado gobernantes (una constelación de estrellas más o menos fugaces) y nos han faltado personas con suficiente cabeza y corazón para soñar y aterrizar el futuro.

Tercero, la división de poderes, su independencia y profesionalidad, frente a la concentración del poder. ¡Qué difícil es construir el Estado de Derecho cuando la institucionalidad, su funcionamiento y control son manoseados. Legislativo, Judicial y Ejecutivo tienen su propio espacio y tienen que aprender a mirarse con respeto y a respetar las reglas del juego... ¡Ay, si fuera un juego! En el tema de la institucionalidad un país se juega sus derechos, sus obligaciones y sus libertades. Cuando Luis XIV decía "el Estado soy yo" solo defendía su corona...

Cuarto, el desarrollo ético de personas e instituciones. Debajo de la quiebra social y política que acompaña la vida de los países, hay un vacío moral que ningún líder podrá llenar con discursos y proclamas. La moral no se impone por decreto. Por decreto se puede maquillar la inmoralidad, haciendo pasar por bueno lo perverso. El desarrollo de la ética social necesita planteamientos, maestros y escuelas, es decir, educación.El mundo árabe está abriendo nuevas páginas de su historia.Ojalá que un mesías no sustituya a otro y un grupo de poder se arrogue la representación de todos, incluidos los muertos. El futuro imperfecto se escribe de cualquier manera (parece que todo vale), pero el futuro perfecto solo es posible cuando la justicia y el respeto a la dignidad de las personas iluminan el horizonte de los pueblos.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (0)
No (0)