Rodrigo Fierro

El derecho a ensayar

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‘Yo creo, por el contrario, que lo más importante que hacemos los hombres es ensayar y ensayar” (Gregorio Marañón). Es lo que pretendo en este artículo: ensayar explicaciones a los acontecimientos que han conmocionado al mundo entero y cuyo protagonista es el Estado Islámico (EI).

A partir de las Cruzadas, siglo XI al XIII, hasta nuestros días los pueblos árabes se han visto invadidos, despojados, humillados y ofendidos por el Occidente cristiano. Atrás quedó una época de esplendor.

Esos 500 años, desde el inicio de la Era Musulmana en el siglo VII, en los que los conocimientos en astronomía, matemáticas y medicina fueron los más adelantados del mundo conocido, a tiempo que la expansión árabe a la Europa medieval fue creando sociedades en la península Ibérica, en las que judíos, moros y cristianos convivieron en paz y prosperaron (A. Castro).

Con las Cruzadas se produce el choque entre dos mundos, el musulmán y el cristiano, credos y armas en ristre. Los tolerantes, los librepensadores, de ambos lados, sobran y casi desaparecen.

Es así como en España se crea la Inquisición en el siglo XIII y “el santo oficio” de perseguir a los herejes y liquidar las herejías no se da descanso. Todo con el aplauso de los príncipes y el regocijo del pueblo llano.

De los países islamistas desaparecen las “sociedades de los hombres”, las creadas por los librepensadores árabes, aquellos que por el hecho de formar parte de la especie humana se asignaban el derecho a pensar y a expresar sus ideas.

Debe haber ensayos de por qué en Francia y en los países nórdicos de la Europea cristiana se dio la Reforma protestante a mediados del siglo XVI y se produjo el Siglo de la Ilustración en el XVIII, cuyo corolario fue la Revolución Francesa, la de los librepensadores como Voltaire. De por qué las luces del siglo de la ilustración no se encendieron en el mundo árabe me lleva a continuar con este microensayo.

Desde las Cruzadas, acosados por el Occidente cristiano hasta nuestros días, los pueblos árabes vieron en el Islam uno de los términos de su identidad, la que se hallaba en peligro, derrota tras derrota, humillaciones, ofensas y explotación. Lo del petróleo, una maldición que despertó la codicia.

El esfuerzo supremo realizado por Saddam Hussein al enfrentarse a los EE.UU. en ‘la madre de todas las batallas’ concluyó en la madre de todas las derrotas. ¿Qué de extraño resulta que el EI se haya constituido con fundamentalistas desesperados a los que no les queda otra arma que los actos que producen terror?

¿Cuándo llegará el día en que a los países islamistas se les deje vivir en paz, o pelearse pero entre ellos? Con la paz, los Estados laicos, en los que no existe religión oficial y se respetan por igual todas las religiones. De ahí que el santo de mi devoción sea el general Eloy Alfaro.