Pablo Ortiz García

El deporte

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1 de February de 2013 00:03

Hace pocos días leí un artículo en EL COMERCIO, cuyo autor concluía que ante las libras demás con las que “adornaba” su cuerpo, era preferible no hacer ejercicio (hablaba de “footing”, conocido en español como correr), porque las probabilidades de morir de los gorditos son más bajas que la del resto de personas. Sin embargo, si no se es deportista y de un día para el otro se inicia en cualquier actividad que demande esfuerzo físico, hasta los delgados (¡no los que huyen corriendo a Miami por miedo al primo!), son propensos a sufrir lesiones y contracciones musculares.
Defiendo a aquellas personas que todos los días, con un plan de entrenamiento y constancia, hacen deporte. Se vive una época en que el sedentarismo es la regla, el ejercicio la excepción. Regla que, sobre todo, los jóvenes están cambiando. Es motivador ver a seres humanos despertarse temprano, a veces de madrugada, e iniciar su día corriendo, haciendo gimnasia, bicicleta. Compitiendo contra el adversario en aquellos juegos de dos o más personas, o contra uno mismo, en aquellos en que la distancia y el reloj son los contrincantes.
La gordura es un tipo de hermosura a la cual respeto. Me preocupa la obesidad, que en muchos casos se debe al consumo de alimentos “chatarra”. El deporte permite y obliga a sus seguidores, a alimentarse bien, sano y balanceado. A consumir líquidos, no bebidas alcohólicas. Aleja, a quienes lo practican, de vicios que comprometen la salud de las personas. Incentiva a respetar horarios y ser puntuales.
 Los deportistas son gente disciplinada y metódica, no aburrida, aunque  reconozco que a medida que se acerca el día de la competición, se vuelven “zanahorias”: no fiestas hasta muy entrada la noche; ninguna bebida que contenga un poco de alcohol, ni siquiera el vino para acompañar una comida que, ¡por supuesto!, no puede ser grasosa, ni estar muy condimentada. Los carbohidratos se los evita durante la etapa de entrenamiento previo a un certamen o juego, excepto unos días antes de participar en la competición, en que se los consume.
El deporte ayuda a los enclenques a mejorar su salud, y a los “pesaditos” (no me refiero a los del Gobierno), les permite que su organismo se adapte a las condiciones de vida en un mundo en que la mayoría de cosas gira alrededor del dinero, la vida superflua, las fotos y la farra.
El trago y las comidas de moda. En el que el prototipo del ser exitoso es poseer dólares, autos y poder. Realizar viajes y contar con bellas compañías. Asistir a eventos donde se codea con el “jet set”.
El deporte baja las tensiones que la vida produce. Obliga a ser competitivo, y a recibir los triunfos y las derrotas con humildad y sencillez. A saber actuar limpiamente, y a no aceptar la trampa, y menos a los tramposos (sin alusiones gubernamentales).
portiz@elcomercio.org