Jorge G. León Trujillo

Democracia de izquierda

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30 de March de 2012 00:01

Varias veces militantes de cierta izquierda han estado involucrados en actos beligerantes que los ven como combatividad revolucionaria. Una tradición anarquista y de varias corrientes en el XIX veían necesaria la violencia para hacer admitir sus demandas o rechazar un sistema cerrado a la inclusión de los excluidos y en manos de los poseyentes. A oídos sordos, la amenaza de los de abajo resquebrajaría el poder o se buscaba incitar a que la mayoría temerosa del sistema pierda miedo. Como la mayoría no seguía ese camino, se pensó que esta tarea debía ser la de pocos “profesionales” en atizar la beligerancia. En América Latina esa idea se nutrió del caso cubano y tuvo varios seguidores.

Con el tiempo, en la izquierda radical esta idea se transformó en la guardia de seguridad o la que enfrentaba una Policía represiva. A medida que el sistema se hizo más pluralista, ya no en negro y blanco, la lucha social se modificó, exige otros modos de ganar legitimidad y a las mayorías, entre otros medios a través de la prensa. La polarización social no es la misma y se cambia sin violencia; con protesta sí. Construir alternativa sociopolítica exige otros procedimientos, pero en sociedad nada es milagroso, exige largos procesos en que ideas y acciones diversas deben construir, actores, objetivos y condiciones de lo alternativo, además de renovados ideales. Sin embargo, la necesidad del milagro inmediato y de hacer una lucha política en negro y blanco seduce a varios, aún más en medios menos instruidos o ante la ausencia de ideologías, programas e ideas. Pero las organizaciones pueden aportar cordura, no en sentido moralista sino ideas y acciones que permitan canalizar la necesidad de acción inmediata y de situarse en el mundo actual, ofreciendo perspectiva y sentido de esperanza, lo que alimenta militancia y entrega ética.

El día de la llegada a Quito de la Marcha Plurinacional hubo beligerantes impacientes y presionaban por deshacer las filas de la Policía y llegar a un esquivo Legislativo. Terminó en una puntual violencia contra unos policías. Esa imagen quedará a pesar de su condena por la mayoría de manifestantes. Ella devalúa la protesta o sus causas y desmotiva la participación de otros.

Esto muestra la urgencia de que ciertos grupos revean su postura sobre esta innecesaria y negativa “combatividad”; su discurso sobre la democracia suena falsa. Las armas deberían ser ideas y acción organizativa, democrática. Es indispensable un claro sentido de transparencia, lo que pasa por una redefinición ideológica para que sus relaciones con los demás sectores políticos puedan ser auténticas. Aportar a construir una propuesta diferente, no sería entonces circunstancial por encuentros dados por el peso del contrincante. Análisis hace falta para saber que estamos en otras épocas y no valorizarse por revivir lo arcaico.