Juan E. Guarderas

Democracia, cuando la queramos

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Podría decir que EE.UU. no inventó la democracia, pero no está muy lejos de ello. Tras la Antigüedad, no hubo en el mundo occidental un régimen calificable de enteramente democrático hasta la Revolución Americana. Como muestra el preámbulo de la Declaración de Independencia de 1776: “Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se vuelva destructora de estos principios, el pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que base sus cimientos en dichos principios, y que organice sus poderes en forma tal que a ellos les parezca más probable que genere su seguridad y felicidad”.

Antes hay algunos precedentes ineludibles: pienso en la Guerra Civil Inglesa donde los parlamentaristas vencieron a los realistas, terminando con la Monarquía y pasando a la Mancomunidad de Inglaterra, una especie de república. Pero entiendo si se me critica y opone que el nacimiento democrático vino con la Magna Carta inglesa de 1215, donde nació el parlamento representativo, o searguye que el gran precedente fue el Bundesbrief suizo de 1291. También entiendo que se diga que no hay tal como “enteramente democrático”, y se recuerde que Alexis de Tocqueville, en su célebre obra “De la démocratie en Amérique”, opuso críticas tremendas al carácter “pantomímico” de la democracia estadounidense.

En fin, sea como fuere, EE.UU. tiene un bagaje democrático de envergadura. Uno pensaría que ello fuera garantía de la calidad de su sistema democrático, pero no. Por si quedan dudas de esta falsa relación basta ver los últimos 20 años de la política griega, ¿Demo… qué?

El desapego democrático estadounidense se lo puede constatar con las elecciones primarias del Partido Republicano para nominar a su presidenciable. Donald Trump las está barriendo. Pero a los jeques históricos del partido les aterra este candidato. Aceptaron su aspiración inicial por pantomima democrática, pero ahora que está ganando buscan métodos para evitar su nominación. Oponen artificios legales y alternativas que permitan nombrar a quien ellos quieran, a pesar de la voluntad popular.

¿No que la democracia implica respetar la voluntad del pueblo? Respuesta: no cuando no nos gusta.

No soy partidario de Trump (que la Pachamama no quiera). Pero sí añoro la democracia. Por favor, entiéndanme, debe ser porque en nuestro país no tenemos ni un mínimo de ella, y la extraño con nostalgia.