Fabián Corral

Democracia y Derecho

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Me pregunto si entre Poder y Derecho hay efectiva vinculación, si el constitucionalismo opera en realidad, si la ley es un referente del Estado, si la seguridad jurídica existe como argumento de la vida cotidiana. Política y Derecho son asuntos materia de conflicto y debate ¿Son realidades adversas o complementarias?

I.-Democracia y Derecho.- La forma política que más se acerca a la perfección es aquella en la que la “Democracia” se asocia con el “Estado de Derecho”, entonces, la voluntad de las mayorías y de los gobiernos queda sometida a un sistema de reglas preestablecidas obligatorias para todos, incluyendo al pueblo.

La sujeción al Derecho es la más alta forma de civilización política. El poder sin reglas es absolutismo. La acción del pueblo sin normas es anarquía y tumulto que deriva en las formas más escandalosas de abuso. La historia de las revoluciones es la mejor evidencia del fenómeno de la reversión de los enunciados de libertad, bajo el cual todas ellas se escudan, hacia el obscurantismo y la represión. El Estado de Derecho es la única forma de canalizar racionalmente los cambios políticos y de conciliar al individuo y sus intereses, con la comunidad, el gobierno y sus pretensiones. Además, el imperio de la Ley es la fórmula a la que llegó la civilización para preservar la certeza, y para dotar a las personas de un grado de previsibilidad mínimo y razonable respecto de las acciones del poder, es decir, para que la gente no quede sometida a la discrecionalidad, a la sorpresa y al abuso. Es lo que se llama “seguridad jurídica”

II.- La Democracia como factor de legitimidad del poder.-La democracia es la teoría política que justifica el poder atribuyéndolo al pueblo. Según ella, la legitimidad el mando está en las mayorías que delegan el ejercicio de sus atribuciones a un mandatario y a unos legisladores que ejercerán, en su nombre, gobierno y legislatura.

La democracia pura no se ocupa ni de los límites del poder ni de la preservación de los derechos de las personas. Se ocupa de dotarle de fundamento al poder atribuyéndolo al pueblo, y dentro del pueblo, a la mayoría de los electores. Cabe entonces preguntarse, ¿la democracia puede ser totalitaria, es decir, ilimitada, invasora de la intimidad personal, y violadora de las garantías individuales? Sí, puede serlo. La democracia sin límites puede darse y se ha dado a lo largo de la historia. El clásico francés del Derecho Político, Alexis de Tocqueville, ya lo advirtió cuando visitó la naciente República norteamericana y anotó que la presión de la opinión de las mayorías, lo que modernamente se llama “la política determinada por los sondeos”, puede incurrir en los mayores excesos.

La preocupación por ponerle límites al poder – y al poder popular- no viene de los ideólogos de la democracia pura, viene de los liberales del siglo XVIII, al punto que algunos pensadores que teorizaron sobre el poder popular son los inspiradores del totalitarismo. El caso más conocido es el Thomas Hobbes, cuyo “Leviatán” es una máquina frente a la que los individuos no pueden oponerse, porque el Estado absoluto absorbe todo, de modo que las personas son siervos del poder y sus derechos graciosas concesiones estatales.

III.-El derecho como garantía de las libertades públicas.- El contrapeso a una “democracia totalitaria” nació con el Estado de Derecho, que, como lo definieron los norteamericanos hace doscientos años, es el “gobierno de la ley y no el gobierno de los hombres”, o, en una definición certera que alguien hizo: “Estado de Derecho es aquel en que la Ley está por encima de todos los jefes”.

Lo que preserva los derechos de las personas es la Ley, y no la democracia. El Estado Constitucional es el poder de las reglas preestablecidas, es el poder sometido a la racionalidad de las normas, a la lógica de la justicia y la equidad. El Estado Constitucional es el del poder limitado por normas. Es el poder, incluso el poder popular, sujeto a la ley.

IV.- El poder político: legitimo en su origen y limitado en su ejercicio.- En el Estado de Derecho se conjugan tres grandes virtudes políticas: (i) la legitimidad por el origen, que, en la visión democrática, está en el pueblo; (ii) la limitación en su ejercicio por medio de la Constitución y la Ley; y, (iii) la responsabilidad política de gobernantes y legisladores, que involucra la rendición de cuentas en el ejercicio del mandato y las consecuencias de sus actos, responsabilidad que deriva de que los mandatarios y legisladores ejercen un poder ajeno, del cual son transitorios huéspedes, de que hay reglas que les obligan y de la eliminación de la arbitrariedad. Así, pues, el Estado ideal es el que asocia el poder legítimo con el poder limitado por el Derecho.

V.- ¿Está el pueblo sujeto al derecho?.- La pregunta esencial es si el pueblo está o no sujeto al Derecho; si soberanía popular significa arbitrariedad; si las mayorías legislativas tienen poderes absolutos ¿Es posible que el pueblo viole la Constitución? ¿Puede la mayoría derogar las libertades y suprimir los derechos individuales inmanentes a la dignidad de las personas?

El Estado de Derecho limita las facultades de las mayorías y niega lo que se conoce como el “despotismo del legislador”, del cual la primera víctima es el pueblo. Por eso, es necesario reflexionar sobre la teoría del absolutismo de las mayorías en virtud del cual se han cometido muchos, enmascarados en una “legalidad” vaciada de racionalidad. Lo importante para dotarle de auténtica legitimidad al sistema es rodearle a la Constitución de verdadera “majestad” o valor moral, apuntalarla en principios, y crear en su torno una cultura de legalidad.