Marco Arauz

Muchos delatores, pocos culpables

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Las noticias relacionadas con la corrupción y su investigación no paran. Es lógico: el agua represada durante años ha terminado por romper el dique. Quienes creyeron que podían hacer un desembalse controlado, sin grandes inundaciones ni damnificados, y sin siquiera mojarse la camisa, parecen haberse equivocado.

Las dos últimas noticias -después del informe de la Contraloría sobre la concesión de un campo petrolero con presunto perjuicio para el Estado- fueron estremecedoras. La primera: la joya de la corona, la Refinería de Esmeraldas, cuya repotenciación terminó costando más de USD 2 200 millones y fue motivo de inauguraciones y cortometrajes de alta calidad, tiene serios problemas.

Con todo lo que esto significa para la provisión de combustibles y su efecto en la golpeada caja fiscal, la planta tendrá que paralizarse para arreglar daños en un generador que afectan su núcleo, la Unidad de Craqueo Catalítico. Pero desde el inicio ha tenido varias paras no programadas, parciales o totales.

Parece una fotografía repetida del desastre de la planta de licuefacción de gas natural en Bajo Alto, aunque a la enésima potencia. Nada de esto se notaba en la época de la abundancia y de la propaganda que todo lo tapaban, pero el gran problema es que los proyectos alcanzaron costos exorbitantes y algunos tienen serios problemas o no se terminaron.

La segunda noticia es la repentina entrega de Carlos Pareja Yannuzzelli a la justicia, después de 11 meses de haber estado prófugo en Estados Unidos. Él ocupó varios cargos en el anterior gobierno y hoy enfrenta cinco causas. El juez de una de ellas le dictó prisión.

Seguramente ya llegarán las explicaciones sobre el papel de los titulares del Ejecutivo y el Legislativo en una acción que normalmente debiera estar dirigida por el Poder Judicial. Y también se sabrán las condiciones en que Pareja pudiera acogerse a la calidad de cooperador eficaz. Tanto esta figura como la de la delación tienen su razón de ser dentro de varios sistemas judiciales, en busca del fin mayor de que un delito no quede impune.

Políticamente, se ha producido un momento muy interesante en el cual, al parecer, hay una serie de elementos que podrían impulsar un proceso de transparencia. Desde luego, la situación no es del agrado de quienes gobernaron sin rendición de cuentas, con un sistema judicial y unas autoridades de control alineados sin pudor del lado del poder.

Hoy el exministro prófugo habla de una justicia independiente; veamos. Hoy quedan muy pocos argumentos político-ideológicos para impedir una auditoría de cuanto se hizo y deshizo en sectores clave como el energético y el de comunicaciones, en los que el vicepresidente Jorge Glas jugó un papel protagónico. Pero no habrá un nuevo momento si los delatores y cooperadores siguen siendo más numerosos que los culpables.

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