Farith Simon

El poder del dedo medio

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9 de September de 2013 00:05

Que lance la primera piedra quien no ha usado el dedo medio levantado, para expresar su enojo o rechazo. Todos, o casi todos, lo hemos hecho en alguna ocasión, y también hemos recibido ese gesto.

Las plazas, calles, avenidas, son escenarios privilegiados del despliegue insidioso de dedos medios; en ocasiones vienen acompañados de rostros descompuestos y variados insultos. La 'mala seña', signo casi universal de rechazo o insulto, en nuestra niñez formaba parte de los actos prohibidos, por considerarse socialmente ofensivos y, como dirían nuestros mayores, una evidencia -casi- definitiva de la mala educación recibida en el hogar.

Acordemos en algo, ser víctimas de la 'mala seña' no es agradable, y, dependiendo del contexto, podría provocarnos una profunda indignación, incluso el deseo de enfrentar al ofensor, increparle, reprocharle por "tamaña ofensa". En la mayoría de ocasiones nos retiramos molestos, un tanto indignados, nada que no pase minutos más tarde. Ahora, imaginemos por un momento, que todo el que sienta su "honor ultrajado", se lance presuroso a vengarse físicamente del responsable del despliegue deletéreo del dedo medio. ¿Es eso un comportamiento aceptable? No. Es una reacción desproporcionada frente a una acción ofensiva que no justifica una respuesta física.

Los gestos son parte del lenguaje no verbal, una de las múltiples formas de expresión que tenemos los humanos para emitir mensajes de afecto, aceptación, reprobación, rechazo; las señas tienen una gran capacidad comunicativa, son directas, contundentes, en ocasiones inequívocas.

El pulgar arriba o abajo, los dedos anular e índice en V, o el dedo medio levantado, son formas de manifestar adhesiones o discrepancias; por ello, es quienes por su posición, cargo o funciones están sujetos a escrutinio permanente, deberían aceptar esas expresiones, algunas muy desagradables, como una de las formas que tienen los ciudadanos para manifestarse.

Se dice que el despliegue del dedo medio podría considerarse como una injuria no calumniosa, un delito, que siendo el Presidente de la República el ofendido, se castiga con prisión de seis meses a un año de acuerdo al artículo 230 del Código Penal. Esta norma que data del año 1871, reflejo de una sociedad donde la "mala seña" podía ser causa suficiente para privar de la libertad a una persona, algo claramente incompatible con una perspectiva contemporánea de los derechos humanos y la tolerancia frente a expresiones de desacuerdo o rechazo contra quien ejerce el poder.

No se puede negar el poder comunicativo del lenguaje no verbal, en muchas ocasiones incluso puede resultar irritante, sin embargo no es posible justificar en este tiempo el uso de la fuerza física o institucional (el derecho) como respuesta a uno de los múltiples canales de manifestación de la opinión en una sociedad plural. Cosas de la democracia que pueden molestar al poder.