Abelardo Pachano

¿Fin del capitalismo?

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3 de February de 2012 00:01

Hace algunos meses leí un informe encaminado a explorar los cambios en la esperanza de vida y las enfermedades más complejas que enfrentará el ser humano en el siglo XXI. Si mi memoria no me es infiel, este trabajo fue realizado por un conjunto de médicos europeos, algunos de ellos españoles, con el propósito de señalar los retos a los cuales se enfrentarán las ciencias médicas.

Los resultados me parecieron impactantes. La esperanza de vida superará los 100 años, muchos vivirán 120 o más años, aunque no se sabe si las condiciones neurológicas permitirán tener calidad de vida. Entre las enfermedades más comunes la obesidad y el estrés marcarán la vida de los seres humanos. No serán las únicas pero tendrán una incidencia dominante.

Algunos no veremos estas transformaciones, no obstante ya las sentimos. El siglo XX cambió la vida de muchos, mejoraron los sistemas de atención y cobertura de la salud pública, si bien hasta ahora no se encuentra uno que llene las necesidades cambiantes de un mundo que cada día resuelve un problema y ve nacer otro.

Hasta hace pocos años, el cáncer, enfermedad terrible, era sinónimo de sentencia de muerte. Hoy, sigue siendo mortal pero la ciencia ha logrado atemperarla. Ahora el alzhéimer es un nuevo flagelo contemporáneo con la extensión de la vida. El párkinson se aprecia con mayor frecuencia, las enfermedades psicológicas y emotivas, como la depresión, que tienen su componente quí-mico, son parte del nuevo portafolio de amenazas a la vida.

Claro, si se compara la esperanza de vida de inicios del siglo XX de menos de 50 años y la conseguida con mucho esfuerzo a fines de ese siglo cuando llegó a 75 años, se tiene una dimensión real del profundo trabajo hecho por el mundo a favor de la salud, alimentación y ambiente de vida. Pero es cierto que no todos han recibido ese beneficio. Todavía existen bolsas de pobreza y marginalidad en varios continentes en donde la vida se la consigue con una lucha diaria contra la hambruna, malas condiciones higiénicas, ignorancia, carencia de un Estado diligente y de una sociedad solidaria.

Pero el mundo avanza. Hoy está en una nueva etapa del desarrollo. Se sustenta en el conocimiento, la tecnología, las comunicaciones, la velocidad de las decisiones, que llevan al estrés y el agotamiento mental, campos en los cuales la salud pública ni siquiera los tiene en su radar. Peor el tema de la mala alimentación, construida con un ahínco fenomenal de las grandes cadenas de comida chatarra y que a la larga lleva a la obesidad.

Pero por ahí camina el mundo de la salud y vida del futuro. Es otro ejemplo sobre la mutabilidad de los paradigmas y la necesidad permanente de refrescar conceptos y políticas.