Julia Rodríguez Larreta

Dejarse robar

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17 de March de 2012 00:01

Da para pensar, el mensaje que acaba de enviarle a la población el Juez Juvenal Javier y para entender como algunos magistrados interpretan las leyes, vale la pena imaginar situaciones.

Si dos ladrones entran en su propiedad y están robando su auto, hay que quedarse en casa y llamar por teléfono, sigilosamente, a la Policía.

Es muy probable que para cuando esta llegue a su casa, los choros habrán logrado “hacer el puente” y ya le habrán sustraído su medio de locomoción o de trabajo.

¿Por qué decimos esto? Muy simple. Supongamos que es de noche y escucha ruidos en su jardín y ve dos sombras que se meten en su camioneta, que tanto esfuerzo le costó comprar. ¡Parte del precio todavía se lo debe a su hermano, o al banco! Sin pensarlo mucho, sale de su casa y enfrenta a los ladrones. ¿Qué puede suceder?

1.- Que se bajen de su coche y le den nada más que una buena paliza y alguna contusión y después se alcen con su vehículo.

2.- Que le rompan la nariz y algunos dientes, lo pateen y además se lleven el coche.

3.- Que luego de golpearlo lo metan en su casa, se apropien de su dinero y otras cosas de valor. Si alguien más se encuentra en su casa, por ejemplo, su mujer e hija adolescente, la cosa puede ser peor.

4.- Que huyan como vinieron, en su auto. No en el suyo, ya que en esta feliz hipótesis, no lo alcanzaron a arrancar

y se van en el que estaba en la vereda.

5.- Que le peguen un tiro o varios.

Estas son algunas de las cosas que le pueden pasar a la víctima de un robo que enfrenta a ladrones, sin estar armado.

Entonces, ¿no es conveniente armarse y de esa forma defender su propiedad? Por varias razones, esto tampoco es aconsejable. Si el dueño se planta en frente de los forajidos y les dice: “Arriba las manos”, puede recibir a cambio un balazo de quienes hasta ese momento, se esmeraban en arrancar o del ‘campana’, escondido entre los arbustos.

La otra podría ser que el ladrón más avezado se le ría y le diga “déjate de jo… con ese revólver” y en vez de quedar amedrentados le exigirán las llaves del rodado.

¿Qué hacer en los segundos que tiene el vecino para resolver su peligrosa situación?

En la confusión, nervioso, con miedo y o con mucha rabia - ya lo habrían robado varias veces y sabe de la sangrienta crónica roja- acaba apretando el gatillo sobre uno de los ladrones, que muere. A este no le encuentran un arma encima aparte de un destornillador con el que estaba ‘trabajando’. Su cómplice huye. La justicia presume que los rapiñeros no presentaban un peligro para el vecino y la víctima del intento de robo termina en presión. Solo podría disparar contra el presunto ladrón, en “legítima defensa”. Preferentemente luego de ser herido o golpeado.