Marco Antonio Rodríguez

¿La defunción del humanismo?

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El término humanismo es escurridizo y controversial. Su naturaleza polisémica así lo decidió. Variabilidad, alteración, diversidad, contribuyeron a su opacidad, pero más sus peripecias históricas: la palabra es decimonónica, pero son escasos quienes no la unimisman con el movimiento renacentista de los siglos XIV y XV. Uso y abuso de un vocablo al punto de que se habla con ligereza de humanismo integral, revolucionario, cristiano, progresista. Omisión del humanismo y fijación de lo otro, es decir, de aquello con lo que va acompañado.

El humanismo –remitiéndolo o no al Renacimiento- es lo que hace que la vida valga la pena de ser vivida: acatando todo precepto que defienda como principio cardinal el respeto a la persona humana. Humanismo es también acervo de saberes: gramática, ética, poesía, historia, filosofía, religiones. No se trata de construir genios seriales por medio de esta doctrina, pero sí seres humanos capaces de pensar, sentir y crear.

Los estudios de humanidades han sido arrasados por las porosas reformas educacionales articuladas por la tecnocracia esnobista y estrafalaria que nos ha gobernado el último decenio.

Cierto, por 1870 (empezaba el desarrollo de la ciencia, la industria, el comercio y las tecnologías), se elevaron voces demonizando el arrinconamiento de las disciplinas humanistas.

Flaubert creía que ‘el ímpetu de ganar a toda costa debido al provecho económico que se obtiene, ha minado la literatura moral al punto que la gente se está volviendo idiota’. Pero, en nuestro tiempo, ¿queremos legiones de tecnólogos ávidos de poder y dinero o profesionistas con convicciones humanistas?
El avance de las tecnologías está engendrando la era ‘poshumana’. Seres acríticos, glaciales, neutros. Intelectualidad Wikipedia.

El humanismo no es enemigo de la ciencia ni de la tecnología, es toda doctrina que proclama la supremacía del ser sobre estas para su bienestar.
Un oficio del Rector de la Universidad Central del

Ecuador dispone: ‘No se puede bajo ningún concepto obligar, presionar o sugerir al estudiante la compra de material de estudio de cualquier naturaleza (libros, folletos, guías, CDS, videos’). Los docentes, borreguilmente, presentarían una lista de materiales que se concentraría en la universidad para su expendio.

El virus del estado de burbujas publicitarias de la reciente década perdida ha deshecho nuestro tejido social. Plagios de modelos extranjeros, asesorías de ‘prometeos’ traídos del primer mundo… El humanismo es el modo de pensar y de vivir en torno a una idea nuclear: en el centro del universo está el ser humano, imagen de Dios, digna sobre todas las cosas. ¿Es imposible imbricar los avances científicos y tecnológicos con el humanismo? No. He ahí la estulticia de los PhD y de los coleccionistas de doctorados sin causa que abundan por nuestros lares.