Fernando Larenas

El que a dedo mata…

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24 de May de 2011 00:03

Es lamentable que una consulta que tanto dinero costó al erario nacional sea llevada al ámbito deportivo sin dejar espacio para la reflexión, para la lectura con seriedad de lo que dijeron los electores en las urnas. Solo falta saber cuándo empezaremos a sentirnos más seguros, cuándo se aclararán los crímenes recientes, como los de Cuenca o el del general Gabela.

Los políticos creen que la felicidad se alcanza mediante las elecciones. Los roldosistas sintieron alguna vez esa sensación de felicidad que duró muy poco, los socialcristianos un poco más, a los seguidores de Gutiérrez se les acabó antes de tiempo.

Tarde o temprano se acaba esa ilusión, viene lo que los sociólogos alguna vez denominaron la soledad del poder. Hasta que esa hora llegue, los gobernantes deben ser prudentes, consecuentes, pero sobre todo tolerantes.

Fue impresionante escuchar el sábado una propuesta del Presidente. Decía que estaba dispuesto a no mandar a nadie más a la cárcel por el hecho de que levanten el dedo medio de la mano, siempre que los directivos de El Universo, El Comercio y Ecuavisa, permitan que sus trabajadores les levanten el dedo a ellos y no los boten de sus empleos.

La idea parece insensata, poco digna de una persona que tiene todo el poder concedido democráticamente por el pueblo. Un gobernante debe dar ejemplo, impulsar la tolerancia, llamar a la población a que cesen las manifestaciones de hostilidad y se destierren los gestos obscenos porque ofenden al prójimo.

El ojo por ojo o diente por diente, el que a hierro (dedo) mata a hierro (dedo) muere, etc., son síntomas añejos de una política decadente, que más bien remonta la mente a etapas históricas que parecían superadas, como por ejemplo los cenicerazos en el Congreso, pistolas al cinto de legisladores o tanquetas alrededor de la Corte Suprema de Justicia.

Ahora se anuncia una acción de venganza contra Ecuavisa por el simple hecho de que sobreimpuso con generador de caracteres una leyenda que explicaba lo que sus televidentes estaban viendo, es decir, una cadena ordenada por el Gobierno. Pero jamás hubo alteración del contenido de los mensajes.

Conozco muy bien a Xavier Alvarado Roca, trabajé una década en uno de sus canales, es un empresario pionero en telecomunicaciones, levantó ese canal a base de esfuerzo. Para muchos ha sido una escuela de periodismo, de aprendizaje en la práctica profesional, de independencia.

Xavier nunca se metió en los contenidos que siempre trabajaban los reporteros, los editores y los periodistas, pero siempre exigió que se produzca con calidad, que se respete al televidente. Ha sido enemigo del escándalo y del sensacionalismo, pero ahora se quiere castigar a su canal bajo un argumento burdo. ¿Por qué es tan difícil que nuestro país alcance un poco de sensatez?