César Montúfar

Otra década perdida

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Como era lo anunciado y previsible, de nuevo el Gobierno echa mano al bolsillo de los ecuatorianos para resolver, aunque sea en parte, sus apuros fiscales.

Esta vez, bajo el membrete de la solidaridad, se incrementa el IVA del 12% al 14%, para recaudar USD 750 millones adicionales, pero se profundiza la estructura tributaria regresiva e inequitativa que el correísmo ha consolidado en el Ecuador. En otras palabras, antes y después de Correa los impuestos en nuestro país, siendo indirectos en un 70%, cumplen una función regresiva y agudizan la desigualdad, no generan empleo y castigan a la producción.

El Presidente ha repetido miles de veces que la misión trascendente de su gobierno ha sido corregir la inaceptable desigualdad que históricamente ha campeado en el país. Para demostrarlo, siempre menciona que en estos años el coeficiente de GINI se redujo de 0.54 a 0.47; además que la pobreza cayó del 38 % al 22%. Estas tendencias positivas, válidas hasta antes de la crisis, han empezado a revertirse rápidamente.

Datos preliminares muestran que el Gini ha empezado a deteriorarse y la pobreza a crecer de nuevo. 
A medida en que la crisis se agrave conoceremos el verdadero legado de este Gobierno, que será muy distinto a lo que nos dice la propagada oficial. Si sumamos datos sobre la estructura del mercado laboral e ingresos de los ecuatorianos, lo que se ve es que los avances que en algún momento se ponderaron han comenzado a deteriorarse.

Solo para mencionar algunos: hoy la tasa de desempleo en el Ecuador es 5,7%, cifra ligeramente superior a la que registrábamos en diciembre 2007, 5%. El porcentaje de subempleados llega en el presente a 53,5%, mientras que en 2006 era de 53%. Es decir, estamos prácticamente en las mismas. Si bien en estos años había aumentado el salario real y el PIB per cápita, esa tendencia ha comenzado igualmente a deteriorarse, al punto que según proyecciones del FMI, se estima que para 2021 el PIB per cápita nominal de los ecuatorianos caerá a los mismos niveles que en 2011, es decir, alrededor de USD 5 300.

Luego de los mayores años de bonanza que ha vivido el país, en cuanto a ingresos, Correa nos llevará al mismo punto en que nos dejó Mahuad.
Pero ello tiene solo una explicación. La estructura productiva del país se encuentra en la misma situación de precariedad de antes. El correísmo ha castigado a la producción agrícola y manufacturera. Su participación porcentual en el PIB global sigue siendo la misma que antes de la revolución, 20%. La burbuja de prosperidad y crecimiento de los últimos años solo se debió al precio del petróleo.

En lo social, mejoraron algunos indicadores pero una vez que cayó el precio del crudo, los supuestos avances sociales comenzaron a desvanecerse pues no eran resultado de un cambio de la estructura productiva. 
Ahí está el legado del correísmo: Una década perdida en lo social, en lo económico, en lo institucional. Es como si pasamos de Mahuad a Correa, sin que nada cambie.