Miguel Rivadeneira

Década ganada, pero para unos

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Todo es cuestión de tiempo, que se encarga de desnudar las mentiras oficiales, que aún tiene obnubilados a ciudadanos, aunque cada vez menos conforme avanza el desgaste por la aguda crisis económica y social y la enorme corrupción que poco a poco carcome a los gobiernos populistas, a pesar de los controles que ejercen, en medio de la falta de fiscalización y la existencia de organismos de control cómplices y encubridores.

Los hechos que se evidencian ponen de cuerpo entero una realidad inocultable de este modelo político del siglo XXI, que ha fracasado y que ha dilapidado los recursos del pueblo hasta llevarle a una grave situación. Los presidentes populistas reivindican la década ganada, pero ha sido para ellos y sus colaboradores por los millones de dólares que están enseñando en billetes y en bienes.


Por un lado, las evidencias de la corrupción en Argentina. Quién puede dudar ya con las enormes pruebas de cómo han acumulado dinero en los regímenes de los Kirchner (2003-2015), aunque intenten lavarse las manos. Lo encontrado públicamente en manos de un secretario de Obras Públicas, casi USD 9 millones, evidencia un caso más de cómo actuaron en los cargos y qué hicieron, aunque también hubo beneficiados del sector privado.

Discursos de honestidad contrastan con grandes negociados al más alto nivel, que no pueden justificar tanto dinero, de lo que se conoce, y que se descubre luego de haber abandonado el poder.
Del expresidente argentino, ya fallecido, que fuera secretario general de Unasur, en la Mitad del Mundo, sede de esta organización, existe un monumento (faltó quizás una réplica de la conocida enorme caja fuerte de su residencia de Calafate), que constituye un mal ejemplo y una afrenta para el Ecuador.

No debiera estar allí. Tanta mentira oficial, que incluso en su momento se habló de un ejemplo de honradez y de un gobierno modelo, que hoy prueba todo lo contrario.
 En Venezuela se evidencia la angustiosa situación de su pueblo, mientras autoridades dicen que eso es mentira de los medios de comunicación y que allí se respira felicidad.

Cuánta mentira, pero de ellos mismos. Drama público en las calles no solo de Caracas sino de todo el país en busca de alimentos y artículos de primera necesidad y de medicinas, medios básicos para la subsistencia. Violación de las libertades y de los DD.HH. de quienes discrepan con el poder.
Se invoca la necesidad del diálogo en Venezuela pero no se deponen actitudes.

Al contrario, el Gobierno quiere desaparecer a la oposición y liquidar a la Legislatura porque le resulta un estorbo en el ejercicio del poder omnímodo. No se quiere dar paso al referendo revocatorio que la Constitución establece, porque saben que el pueblo está harto del caos y les va a castigar en las urnas.