Miguel Rivadeneira

Debilidades en la frontera

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Existen experiencias que debieran ser procesadas oportunamente para no volver a cometer errores. Por ello se dice que quien no aprende de la historia corre el riesgo de repetirla. El último atentado en San Lorenzo, Esmeraldas, obliga a actuar con responsabilidad y no tratar de minimizar como un hecho aislado cuando la frontera común con Colombia ha tenido problemas serios desde hace muchos años, por un lado la presencia de los grupos guerrilleros, luego disidentes cuando las FARC firmaron la paz y también aquellos vinculados al narcotráfico, la delincuencia organizada y las bandas criminales.

Era previsible, y se advirtió en forma reiterada durante tiempos, que la frontera con Colombia era una zona extremadamente peligrosa, sin control del país vecino, pese a su enorme capacidad operativa, y el Ecuador con problemas sociales, de pobreza y sin un pleno desarrollo de sus fronteras vivas. Un tema que solo despierta cuando se producen secuestros, se ponen bombazos y coches bomba, como sucediera en San Lorenzo.

En Colombia tuvieron que pasar décadas de violencia, miles de secuestros, muertos, heridos, destrucción, atentados, asesinatos y, lo que es más grave, un ambiente de terror, miedo, incertidumbre y desconfianza. Con todo esto entendió el problema e hizo enormes inversiones que le permite contar con una gran capacidad operativa con equipos de alta tecnología y militares y policías profesionales. En el Ecuador existen enormes necesidades, poca capacidad operativa y desmotivaciones. Escasean las reservas y equipos. El rancho sigue en tres dólares diarios, quizás peor que para un reo de la cárcel, pero el anterior Presidente actuó en contra, se burló y emprendió un proceso para debilitar a la institución y destruir su seguridad social porque no se sometieron como en Venezuela.

Quién no sabe que Manabí y Esmeraldas tienen serios problemas por la penetración de estos males, en medio de las vulnerabilidades, a pesar del trabajo profesional de las FF.AA., pero tienen debilidades, aun cuando se haya reforzado la frontera. Su capacidad operativa se ha deteriorado. No cabe comparación con Colombia, que ha recibido enorme ayuda de EE.UU. En esto no se puede escatimar recursos, eso no es gasto sino inversión en defensa. No puede haber desarrollo sin seguridad y los recursos para recuperar sus capacidades son enormes. Más se reacciona que se acciona y se toma la iniciativa.

Esta alerta en la frontera norte debiera servir para buscar mayor ayuda internacional luego de que el mandatario anterior, por su tara ideológica, no renovó y rechazó la ayuda de vigilancia de EE.UU. desde Manta y dejó desprotegido, sin control aéreo. El decomiso de drogas, que cada año crece de manera preocupante, refleja lo que está pasando en el país.