Vicente Albornoz Guarderas

¿Debería Venezuela dolarizarse?

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No, no debería. El dólar es una herramienta muy poderosa para estabilizar una economía, pero si en una sociedad no hay los consensos necesarios para que el sistema funcione, adoptar el dólar podría ser contraproducente.

Actualmente en Venezuela hay una discusión muy encendida sobre si deberían dolarizarse o no. Y, obviamente, el Ecuador y su éxito en dolarización son un constante punto de referencia. Porque, sin falsa modestia, tenemos que reconocer el éxito de ese sistema en nuestro país, tanto por lo que ha logrado como por lo que ha impedido.

Lo logrado es importante. En los primeros 6 años de dolarización, de enero 2000 a diciembre 2005, nuestra economía pasó por un período inusualmente positivo, a pesar de que el precio del petróleo era relativamente bajo (USD 36 en precios actuales). Por ejemplo, la inflación cayó de 108% en septiembre de 2000 a menos de 10% en enero 2003 y a menos de 1% en marzo 2005.
Y la economía creció. La gran crisis del 1999 hizo que la economía se contraiga, pero ya para 2003 el producto por habitante igualaba su mejor nivel anterior a la crisis (1998) y para 2005 estaba 8% por encima del nivel de 2003.

Sólo recordemos que antes de esos buenos años habíamos tenido dos décadas de estancamiento y que el producto por habitante de año 2000 fue sólo levemente superior al de 1981. La pobreza, que se disparó en 1999, para el 2001 ya estaba en niveles similares a los de 1995 e iba a caer cerca de 15 puntos hasta 2005.

Eso es lo que la dolarización “logró”. Pero también impidió cosas dañinas como la emisión inorgánica de dinero (que fue pequeñísima), a pesar de que durante 10 años consecutivos un gobierno derrochador hizo todo lo posible por “crear” dinero para cubrir sus insaciables ansias de gastar. Y eso nos liberó de una hiperinflación al estilo de Alan García o de Maduro.

¿Pero fue la dolarización del Ecuador una varita mágica que solucionó por sí sola todos nuestros problemas? Responder afirmativamente a esta pregunta sería desconocer que la terrible crisis (tanto económica como política) de 1999 creó en el Ecuador la conciencia de que era necesario reformar la economía y que era vital cuidar los equilibrios de ciertas variables claves.

Tanta fue la conciencia que tomamos que, al menos hasta el 2008 se respetó la independencia del Banco Central o se reformó la Ley de Hidrocarburos para que el sector privado pueda ser dueño de oleoductos o, en el caso más extremo de sensatez, se institucionalizó el ahorro público al crearse los fondos de ahorro.

Y cuando llegaron los populistas dispuestos a destruirlo todo a cambio de ganar popularidad, la dolarización ya estaba tan arraigada en los corazones (y bolsillos) de los ecuatorianos, que no pudieron destruirla.

@VicenteAlbornoz