Óscar Vela Descalzo

Un debate que desnuda

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 3
Triste 3
Indiferente 1
Sorprendido 0
Contento 51

Los debates políticos son indispensables para el fortalecimiento de la democracia. Los candidatos a cualquier dignidad de elección popular están obligados moralmente a exponer ante los votantes sus ideas, sus propuestas y sus programas políticos.

Por desgracia, también están expuestos al ojo crítico de los ciudadanos, que en estos tiempos se marca indefectiblemente por la intromisión de la tecnología en los aspectos privados de nuestras vidas, incluso en aquellos que pertenecen al fuero más íntimo y que no deberían importarle a nadie, bajo ninguna circunstancia.


Se entiende que quienes entran en la política por medio de un proceso electoral, lo hacen conociendo y respetando las reglas de esa elección, que son, en buen romance, las reglas de la democracia, del respeto a los electores, y del refuerzo de la institucionalidad del país. 


El debate organizado por la Cámara de Comercio de Guayaquil no contó con todos los candidatos, algo reprochable e injustificable. El candidato ausente, con un pretexto pueril, eludió el encuentro a última hora y privó a los electores de tener en aquel foro a todos los postulantes a la presidencia de la República.

Se dice que detrás de estas decisiones están los asesores políticos y directores de campaña, que huelen el peligro ulterior que se cierne sobre su cliente en ciertas circunstancias, y, por esa razón, haciendo uso de un viejo refrán, deciden: “más vale callar que mal hablar”.


En todo caso, el debate destapó virtudes y defectos de todos los candidatos, incluso del que dejó vacío su atril, pues, en ciertas ocasiones la ausencia devela mucho más que la presencia. Entre los que sí asistieron, en cambio, se evidenció claramente quiénes y por qué están en los últimos lugares de las intenciones de voto de la ciudadanía.

Tres de los contertulios mostraron imprecisiones, dudas, desconocimiento de ciertos temas, improvisación sin luces, y cayeron con facilidad, como todo demagogo, en generalidades y muletillas. 
Tres de los candidatos se mostraron ecuánimes, moderados y preparados para un evento en el que se deben confrontar las ideas y propuestas con respeto y tolerancia.

La candidata, por su parte, desde el inicio renunció a exponer y decidió atacar. El formato le jugó una mala pasada y comprendió muy tarde que se había equivocado, pues le dio mayor voz y espacio al aludido (un error en el que también cayeron ingenuamente otros candidatos), dejando en el aire un tufillo de agresividad y virulencia caducos e innecesarios.


Los debates desnudan a los políticos, de allí que, muchas veces, cuando no se tiene confianza y solvencia, cuando hay más por perder que por ganar, los asesores recomiendan evitarlos. Pero además, este debate en particular desnudó también a las encuestadoras, que, por propios intereses, tuercen y retuercen sus resultados para confundir a los votantes trucando posiciones. Al final, sus propios clientes, sin percatarse de lo que hacían, las despojaron de toda la ropa.