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La tragedia ocurrida el 16 de abril del 2016, que azotó la Costa ecuatoriana, deja en la memoria de todos nosotros un sentimiento de tristeza que tardará mucho en pasar. Personas que perdieron sus familiares, que se quedaron en la calle, sin vivienda, sin negocios, sin trabajo y con una capacidad de reacción disminuida por la falta de actividad en sus pueblos y ciudades. Están desesperadas y a merced del apoyo de otros.

Ciudadanos de todo el país y amigos extranjeros ayudan de manera activa y generosa con la entrega de agua, alimentos, colchones, cobijas, carpas que hacen de viviendas temporales y, sobre todo, mucha solidaridad y amor. Esto solo se puede explicar por lo que somos, un pueblo de corazón inmenso que se presenta como es: transparente, desprendido, entregado y amistoso.

Equipos de rescatistas han llegado de varias partes del mundo para apoyar a nuestros bomberos, policías, militares y ciudadanos privados y civiles, principalmente jóvenes que han volcado su gestión a ayudar a los damnificados del terremoto.

Estudiantes de colegio que solicitan apoyo económico en las calles; instituciones religiosas realizan gestiones de abastecimiento y logística en todo el país; amas de casa, personal de las empresas privadas y empleados públicos que entregan kits de ayuda en los departamentos de Relaciones Laborales de cada una de las instituciones donde trabajan;empresas que entregan sus productos al costo y que también donan su contingente propio. En definitiva, todo un país movilizado en cientos de camiones que llevan ayuda sin condiciones.
Cada uno de ellos son héroes nacionales que no necesitan condecoraciones ni reconocimientos, ya que no se alimentan de vanidad, ni de incrementar su ego y peor de soberbia.

Uno de estos héroes nacionales muere luego de realizar su trabajo. Miembro de la unidad K9 de los bomberos de la ciudad de Ibarra, Dayko -un labrador de color habano- deja su vida por un paro cardíaco: no puedo soportar la actividad realizada durante varios días para el rescate de personas en la zona afectada. Al regresar a su ciudad perece y es enterrado por sus compañeros.

Dayko acompaña hoy a los cientos de compatriotas muertos. Y es uno más de los que perecen en este desastroso evento.
Estos héroes de cuatro patas que no pueden expresar su dolor y su tristeza y que realizan actividades valiosas solo pueden merecer nuestra gratitud y admiración. Dayko se convierte en un símbolo de esta tragedia, un símbolo que alberga a todos esos ecuatorianos que han participado ayudando y seguirán haciéndolo hasta que nuestros compatriotas resuelvan sus necesidades primarias.

Todos los compatriotas han dado una lección de bondad y solidaridad, distanciándose de la impavidez, avaricia de corazón y, sobre todo, de la prepotencia.