José Ayala Lasso

Cumbre de las Américas

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0
31 de March de 2012 00:01

La advertencia del presidente Correa en el sentido de que los países de la ALBA no asistirían a la Cumbre de las Américas si Cuba no fuera invitada, suscitó muchos comentarios y no pocas críticas. La iniciativa parece que no fue consultada con las partes directamente involucradas ni sometida a un análisis sobre sus posibles consecuencias.

Cuba debe haber sido la primera sorprendida, ya que el anuncio revivió la incómoda situación creada cuando el presidente Fox, en la conferencia de Monterrey sobre financiamiento para el desarrollo, el año 2002, pidió a Fidel Castro que no asistiera a la reunión. Colombia habrá sido también sorprendida. Una parte de la opinión pública de ese país interpretó el anuncio de Correa como un deseo de boicotear la Cumbre. Tuvieron que desplazarse a Cuba la Canciller Holguín y luego el propio presidente Santos para auscultar los caminos de solución del problema. Los países de la ALBA respondieron con un elocuente silencio inicial y luego confirmaron su presencia en Cartagena.

Se vio así que Correa -solitario- lanzó su idea pensando, probablemente, que los demás países plegarían a ella.

Muchos creemos que Cuba debe reintegrarse al sistema interamericano -OEA, Cumbres- y que el embargo económico impuesto por los Estados Unidos debe levantarse. No se han alcanzado los objetivos perseguidos por el bloqueo y sus efectos han sido contraproducentes. La exclusión del gobierno cubano, resuelta en 1962 por la OEA, fue levantada en 2009. Cuba no ha dado señal alguna de su voluntad de reincorporarse al organismo regional. Una mayor participación suya en la OEA podría alimentar las tendencias democratizadoras en la isla. La Carta Democrática Interamericana consagra un credo político de derechos y libertades que representa un ideal que tendrá que conquistarse progresivamente. A este proceso debe sumarse Cuba con una presencia activa y dinámica. Su exclusión de los foros regionales alimenta la imagen que le presenta como víctima de injusticias y no pone énfasis en que debe ser actor de un proceso continental de fomento de las libertades y derechos.

Finalmente, Correa ha dicho que las Cumbres internacionales no son productivas. No lo son por actitudes como la suya, que olvidan que el diálogo implica conciliar opiniones no siempre coincidentes, lo que demanda procesos inevitablemente prolongados. El Estado que quiere imponer una opinión a los demás, olvida que estos últimos son también celosos de su soberanía. El desarrollo progresivo del derecho internacional exige esfuerzos permanentes, paciencia, serenidad y buena fe. Esperemos que el presidente Correa resuelva representar a nuestro país en Cartagena, no como protagonista de poses aisladas, sino como responsable solidario del futuro de nuestra región.