Enrique Ayala Mora

Culto bolivariano

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Desde los años de fundación de nuestras Repúblicas se exaltó la figura de Simón Bolívar. En Bolivia estaba ligada a su acto fundacional y al propio nombre del país. Se transformó tempranamente en símbolo nacional. En Ecuador la “lealtad” al Libertador se constituyó en elemento de identidad y de definición de las fuerzas políticas, que la invocaron con contenidos diversos a lo largo de su historia. En Colombia, la adhesión a la figura de Bolívar se convirtió en rasgo definitorio entre el Partido Conservador, que mantuvo la tradición bolivariana, y el Partido Liberal, que se identificó con sus opositores.

En Perú se reconoció a Bolívar como triunfador en la Independencia, pero también fue visto como invasor o dictador. Su influencia allí ha sido limitada. En Venezuela, en cambio, luego de los primeros años republicanos, en que el Libertador fue perseguido y denigrado, se convirtió en ícono nacional, y el “culto a Bolívar” se transformó en uno de los sustentos de la ideología estatal.

En nuestros países, con mayor fuerza en Venezuela, las entidades estatales, sistemas educativos, Fuerzas Armadas, poderes locales e instituciones sociales cultivaron el culto al Libertador como gestor de la libertad y justificador del poder. Se crearon “sociedades bolivarianas” que con sus ceremonias y publicaciones promovieron el estudio y reconocimiento de la acción del Libertador, pero también alentaron la exaltación unilateral de su figura, que en ciertos casos devino en una suerte de “canonización secular”. La figura de Bolívar, incluso, pasó a ser personaje del retablo de dioses y santos.

Las instituciones bolivarianas nacionales se relacionaron a través de reuniones internacionales de historiadores, agrupaciones de militares y las sociedades bolivarianas. Se realizaron encuentros, conferencias internacionales, publicaciones y concursos. Este bolivarianismo tuvo mayor fuerza en Venezuela, Colombia, Ecuador, Bolivia y Colombia. Se convirtió en fuerte lazo cultural y político entre los países cuya independencia lideró Bolívar. La denominación oficiosa “países bolivarianos” fue un elemento de identificación común.

Es positivo rescatar la figura de Bolívar, sus luchas, ideales y propuestas pioneras, que orientan la construcción nacional en nuestros países. La postura iconoclasta, que destruye la imagen de los héroes y tergiversa la Independencia es negativa. Debemos cultivar la memoria histórica como elemento de identidad. Pero el culto bolivariano ampuloso, unilateral y acrítico, no es positivo, ni tampoco aséptico. Según Carrera Damas, se transformó de espontáneo “culto del pueblo” en organizado “culto para el pueblo”.

El culto bolivariano ha durado muchos años. Ya desde el siglo XIX, fue un poderoso instrumento de manipulación. En nuestra historia hay muchos ejemplos de ello.