14 de August de 2010 00:00

Cuento sin fin

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Enfoque internacional

Los analistas y conocedores a fondo en cuestiones de diplomacia y relaciones internacionales hicieron sus interpretaciones y las han dado a conocer, tanto a los lectores como a los radioescuchas y televidentes, sobre el encuentro entre los presidentes Chávez y Santos ocurrido en Santa Marta el pasado martes. No ha sido poco el polvo levantado y las sorpresas provocadas por los acontecimientos previos a la cita presidencial, como también el giro imprevisto que produjo felizmente el viaje de Chávez a Colombia.

Y hay que decir felizmente porque el cuento del gallo pelón sobre la guerra con Colombia ya fastidiaba a todo el mundo. A los colombianos y venezolanos, porque sabemos que un conflicto militar con la tan trillada “hermana República” no está en la cabeza de nadie. Sabiendo que en la parte venezolana existe un gran contador de cuentos y un fabulador, pues los militares del otro lado ni siquiera pestañaron cuando desde este lado de la Gran Colombia intentaron batir tambores de guerra.

Y es que, como dijo Papá Fidel en La Habana, Colombia no quiere, ni desea, ni puede, ni se arriesgará a una conflagración con Venezuela. El hecho de que Fidel Castro se lo haya dicho a unos enviados de prensa chavistas reafirma el carácter de humillación pública dirigida al hijo descarriado, que quiso inventar una guerra y quedó en cueros.

No hay dudas de que Papá Fidel, que siempre mantuvo buenas relaciones con Uribe (lo visitó varias veces en La Habana), sabía que la denuncia del hoy ex presidente colombiano sobre la existencia de campamentos guerrilleros en las zonas fronterizas de Venezuela tenía todos los fundamentos y que, tarde o temprano, eso llevaría al Gobierno venezolano a un juicio internacional que había que evitar a toda costa. Y la única manera de evitar la debacle era enviar desesperadamente al canciller Maduro a la toma de posesión para “pasar la página”.

Contrariamente a lo esperado, el torpe de Maduro se encontró con un terreno más fértil de lo que pensaba. Santos también quería “pasar la página” porque Colombia necesita en este momento iniciar la era pos Uribe sin los dos problemas vecinos que más inquietan a los militares colombianos: Ecuador y Venezuela. A los ecuatorianos le dieron las computadoras de Reyes, y a Venezuela le ofrecieron el olvido de sus pecados guerrilleros, si se comprometían a no reincidir. Y si reinciden, allí estará la espada de Damocles del vengativo Uribe.

De manera que Chávez se agarró desesperadamente de la mano salvadora de Santos para salir de una guerra inventada que ni siquiera Fidel aprobaba. De enemigo número uno de Venezuela y “gran peligro para la paz”, el flamante mandatario colombiano se convirtió en el restaurador de la amistad entre los dos pueblos. Qué pena con ese señor...

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