Lolo Echeverría Echeverría

Cucuruchos y santos varones

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Las medidas económicas estaban anunciadas para esta semana que es época de recogimiento y penitencia. Algún santo varón consideró que era mejor aplazar el anuncio para la próxima semana. Debe saber quiénes van a cargar las cruces y quiénes van a ser flagelados y habrá pensado que resultaba extravagante imponer más castigos en la semana de los dolores. Cumplamos no más esta semana con los ritos y símbolos cristianos, habrá dicho; que se disfracen no más de cucuruchos y penitentes esta semana los políticos y la próxima volveremos a la realidad y crucificaremos a los inocentes.

Dictar medidas económicas es lo más difícil de la tarea de gobierno, pero es inevitable, es parte del rito de la política. Todos los presidentes encuentran el país convertido en un desastre y todos se ven obligados a tomar medidas, con lágrimas en los ojos, pero con la convicción de que resulta inevitable para asegurar el futuro y conducir todo por el recto camino. Atrás quedan los culpables que dejaron destruidas las instituciones, vacías las arcas, y abultadas las deudas por pagar.

¿Cuáles serán las medidas? se preguntan los ecuatorianos. Un viejo consejo dice que para adivinar a quien debe tomar las decisiones, lo mejor es ponerse en su pellejo y preguntarse: ¿Qué medidas tomaría yo si fuera el gobernante? Los ciudadanos que hemos adoptado este consejo hemos seguido el camino de Lenin Moreno, hemos escuchado a los economistas ortodoxos y a los heterodoxos para, alumbrados con luces tan brillantes, decidir con la mayor sabiduría y prudencia.

Para castigo de nuestros pecados, resulta que los economistas no alumbran nada sino que confunden todo. Si los ortodoxos dicen que el problema es el gasto público y que hay que comenzar por gastar con racionalidad; los heterodoxos replican que ese es el pensamiento del siglo XX, el debate del siglo XXI no es el gasto público o el tamaño del Estado sino las criptomonedas y la inteligencia artificial.

Si los heterodoxos dicen que se ha reducido el déficit, que se ha empezado a notar una leve recuperación, que hay que evitar la fuga de dólares importando lujos; los ortodoxos se ríen y muestran que las cifras que sustentan tales afirmaciones son maquilladas, que la deuda es el doble de la declarada oficialmente, que se ha contratado más funcionarios, que el 80% de las importaciones son bienes de capital y materias primas y no lujos.

Podríamos continuar punto por punto, no encontramos coincidencias en nada, no manejan las mismas cifras ni las mismas verdades. El consejo de ponerse en el pellejo del gobernante para adivinar las medidas no resulta porque no hay manera de acercar a ortodoxos y heterodoxos, ni convendría adoptar una de las posiciones, ni tomar la decisión de no tomar decisiones. Solo nos queda vestirnos de cucuruchos y esperar que los santos varones de la economía dicten las medidas acertadas.

lecheverria@elcomercio.org