Washington Herrera

¿Cuba como Vietnam?

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Luego de la muerte del inmortal Fidel Castro, no se puede esperar que rápidamente Cuba deje de ser socialista ni que inmediatamente desestatifique sus medios de producción sino que adopte una estrategia progresiva para cambiar gradualmente un sistema político y económico que ha perdurado más de medio siglo, hasta confluir en un nuevo sistema con lo bueno y rescatable tanto del socialismo como del capitalismo. EE.UU. que, por su parte, persigue que se cambie el régimen político de Cuba debe entender y respetar esta realidad y coadyuvar a la implantación de una operación política y económica de transición que sobre todo mejore la condición de la población cubana.

Pienso que Cuba debe verse en el espejo de Vietnam, -país que se reunificó en 1976 luego de cruentas guerras, -que hoy tiene más de 94 millones de habitantes que viven en 332.000 km2, cuyo Partido Comunista gobierna desde hace 40 años, al estilo de China, pues en 1986 entra en una senda económica reformista, proclamando la “Renovación de Vietnam”, mediante la adopción de normas de mercado, como la vigencia de la propiedad privada y la captación de inversión extranjera. Congruentes con esta política, ya en 1990 entablan relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, -dentro de una óptica de perdón sin olvido- y luego con casi todos los países del mundo.

La introducción de elementos de mercado en la programación marxista desató un desarrollo económico que hoy es uno de los más rápidos del mundo, cuando registra un crecimiento del PIB a una tasa promedio del 8% anual, una disminución de desempleo a solo un 4,3% y la pobreza bajando al 15% de su población, superando con pragmatismo los obstáculos y dificultades inevitables cuando actúan las fuerzas del mercado.

Cuando la realidad de la política mundial ponga en su lugar a Trump, Cuba puede hacer lo que Vietnam para mejorar la calidad de vida de su gente, con su talento humano y espíritu de sacrificio. La declaración conjunta con EE.UU. del 17 diciembre/14, marca el inicio de una nueva época que encuentra a este país con una población cuya mayoría tiene educación secundaria y universitaria, lista para ser más productiva cuando las inversiones comiencen a llegar, aunque no se termine totalmente el embargo, porque este asunto demorará debido a que es una decisión en manos del Congreso de Estados Unidos.

Este proceso llevará a que la población cubana se informe más rápidamente para evolucionar, quizá como lo hizo Vietnam. Para empezar habrá una masiva corriente de turistas que inducirá nueva infraestructura y los trabajadores por cuenta propia crecerán en cantidad y mejorarán la calidad de los servicios prestados.

La duración del período de transición dependerá de cuán rápido se termine el bloqueo de EE.UU. y cómo se harán las reformas políticas para que Cuba sea el país democrático y progresista que merece ese pueblo tan querido.