3 de January de 2014 00:02

Cuba: la reforma no cree en lágrimas

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El paisaje de ciudades y poblados de Cuba ha cambiado: donde antes solo se veían consignas políticas, hoy florecen letreros luminosos ofreciendo lo mejor de la comida local e internacional y hospedaje con aire acondicionado, muestras de un emergente sector privado impensado hasta hace muy poco.

A raíz de la política migratoria que entró en vigor en 2013, ciudadanos de este país realizaron más de 250 000 viajes al exterior entre el 14 de enero y el 30 de noviembre. Como ya no se necesitan ni el permiso de salida ni la carta de invitación desde el país a visitar, connotados disidentes pudieron salir y regresar a Cuba sin problemas, tras décadas de prohibiciones.

En 2011 la ciudadanía había recuperado el derecho individual de propiedad de sus casas y automotores, que hasta ese momento solo podían vender al Estado. Al finalizar 2013 se le ha anunciado que podrá adquirir un auto sin la hasta ahora obligatoria carta del Ministerio del Transporte. El trago amargo va en los precios del mercado estatal, que se equipararán a los del subterráneo.

Muchas personas que ahorraron para comprarse un vehículo suponen que no podrán hacerlo porque los nuevos precios serán tres veces mayores.

Durante las discusiones previas al plan de reformas aprobado en 2011 por el gobernante Partido Comunista de Cuba, especialistas alertaron que el documento base debía incluir ingredientes sociales mucho más explícitos y fuertes. "El texto tiene una impronta economicista totalmente justificada", porque de lo contrario "no hay proyecto social", reconocía en ese entonces a IPS la socióloga Mayra Espina. Pero es "algo simplista" la idea de que actuar preferentemente sobre lo económico va a generar influencias positivas sobre las dimensiones sociales. Según estudios citados por Espina y otros especialistas, la población urbana en pobreza de ingresos y necesidades básicas insatisfechas aumentó de 6,3% en 1988 a 20% en 2000. Esa estampida de la vulnerabilidad social obedece al impacto de la recesión en que cayó el país a inicios de los años 90, tras la desaparición del campo socialista del que dependía.

De acuerdo al censo de 2012, 76,8% de la población es urbana, ligeramente superior a la de 2002, que fue de 75,9%. El total de habitantes llegó a 11 167 325, es decir 10 418 personas menos que en 2002. Y hay dos millones que tienen 60 años o más.

En 2012, el gobierno de Raúl Castro dispuso un subsidio estatal a personas de escasos recursos que necesitaran reparar o construir viviendas. La medida se vio como el comienzo de un proceso para subvencionar a la gente y no a los productos. En la misma línea se pospone la eliminación de la libreta de abastecimiento racionado de alimentos, un sistema cuyo subsidio que le costará este año al Estado USD 2 437 millones.

Los pobres están en desventaja para aprovechar las oportunidades de los cambios, pues están menos capacitados, carecen de recursos para ejercer un trabajo por cuenta propia y no reciben remesas de sus familiares desde el exterior, un salvavidas que ha permitido a muchas familias capear el temporal, aunque no existe estimación oficial de su monto anual.

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